Una naturaleza capaz de emocionar y una apertura cultural que mira al futuro: son las características del mundo escandinavo, que al mismo tiempo sigue conservando huellas y recuerdos de su historia antigua. Entre arqueología, naturaleza salvaje y cocina, la cultura vikinga es el hilo rojo que une tres de las metas más fascinantes de Dinamarca y Noruega: Trøndheim, Geiranger y Århus.

"Navegar de Hellesylt a Geiranger, entrar en la garganta que cierra el brazo de mar del pueblo noruego con las cascadas que caen desde las rocas, es una experiencia que quita el aliento."

Århus, cultura e historia

Centro principal de Jutland y segunda ciudad de Dinamarca, Århus es una meta cada vez más valorada, famosa por su dinámica vida cultural (y designada como Capital europea de la cultura 2017). Pero aunque extienda sus brazos hacia la modernidad, sus raíces son muy antiguas: para profundizar en la cultura vikinga, hay que visitar el Museo Moesgaard, muy avanzado desde el punto de vista arquitectónico y tecnológico, y entre los más ricos de Escandinavia en cuanto a testimonios de esa época. A finales de julio se lleva a cabo el Viking Moot, una histórica representación de una semana de duración que devuelve a la vida un mercado vikingo y reconstruye batallas de la época.

Geiranger, naturaleza sublime

Navegar de Hellesylt a Geiranger, entrar en la garganta que cierra el brazo de mar del pueblo noruego con las cascadas que caen desde las rocas, es una experiencia que quita el aliento, no es casualidad que el fiordo sea patrimonio de la Unesco. Son los mismos panoramas que admiraban las poblaciones vikingas que vivieron en las pequeñas aldeas de la zona, y que desde aquí partían con sus barcos en las expediciones de conquista o en busca de pescado. Geiranger permite sumergirse en el universo vikingo y en su naturaleza salvaje, hecha de cascadas, lagos, bosques, glaciares y espacios exterminados.

Trøndheim, la cocina de los vikingos

La primera capital de Noruega fue un importante centro vikingo y todavía se nota, sobre todo en su vitalidad culinaria. Aloja un mercado que atrae a los mejores agricultores del país y todo el año se llevan a cabo fiestas gastronómicas, entre las que destacan las dedicadas a las setas (abundan los boletus), a los frutos del bosque y a los quesos (hay que probar el Kraftkar, nombrado mejor queso del mundo 2016 en el World Cheese Award). Sobre todo, está en marcha una revolución gastronómica bajo la bandera de la comida biológica, artesana y de la recuperación de las tradiciones antiguas: alce, reno y ciervo, alimentos base de la cultura vikinga, vuelven a ser los protagonistas de la mesa en clave moderna. Entre los platos de pescado destacan el skrei (merluza), el tørrfisk (bacalao), el salmón ahumado y las gambas del Mar de Barents: recetas seculares que han mantenido la alimentación y el comercio de los pueblos escandinavos hasta llegar a nuestros días con toda su antigua fascinación.

Credits foto: Shuttersrtock

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