Quienes la adoran dicen que tiene la fascinación de Barcelona, las playas de Mallorca y la vida nocturna de Ibiza. Se puede intuir la belleza de Valencia ya desde por la mañana, desde el relax del camarote, listos para lanzarse a una ciudad llena de energía a todos los niveles: histórico, cultural y enogastronómico. Su pasado se integra perfectamente en el salto hacia el futuro que está dando; aquí tenéis unos consejos para disfrutar al máximo de vuestra estancia en este destino típicamente mediterráneo.

"En el extremo opuesto del río, en cambio, surge una metrópolis del futuro que parecer erguirse desde el subsuelo, en perfecta armonía con la naturaleza que la rodea: la Ciutat, una impresionante obra de ingeniería. "

Los sabores del pasado: el Barrio del Carmen y los mercados

Cuando desembarquéis, podréis descubrir el alma de Valencia caminando por El Carmen, un popular barrio histórico que sigue siendo el corazón de la ciudad: aquí os podéis dedicar a las compras, con alguna que otra parada para tomar unas copas y relajaros degustando un buen vaso de vino. En la Plaza del Negrito está la Cava del Negret, donde se puede paladear el Agua de Valencia, una bebida preparada con zumo de naranja fresco, cava brut nature y un toque secreto que la hace deliciosa. Al sur de El Carmen está la imponente Lonja de la Seda (la antigua Bolsa de la seda, donde se trataban los precios de los tejidos), patrimonio de la Unesco y sede de la Academia cultural de Valencia. Justo enfrente se recorta el Mercado Central, una estructura de estilo modernista con cientos de paradas de productos frescos: pescado, carne y fruta y verdura de temporada. Es la manera más auténtica de conocer la rica gastronomía de Valencia, lugar de origen y capital mundial de la paella, así como de otras muchas especialidades: desde el all i pebre (un guiso preparado con anguilas frescas, ajo, guindilla, aceite, sal y patatas) hasta el arroz negro (preparado con la tinta de la sepia), pasando por el arnadi, el dulce más popular, preparado con calabaza, patatas y almendras.

Una mirada al futuro: el Bioparc y la Ciudad de las artes y las ciencias

Etapa ideal para familias con niños, en el lado oeste del antiguo cauce del río Turia (que se extiende desde el límite occidental de la ciudad hasta casi los bancos del puerto marítimo) está el Bioparc, dedicado a los hábitats africanos. Cuenta con grandes espacios, barreras ilimitadas, ambientes reconstruidos con mimo y animales controlados con mucha atención. En el extremo opuesto del río, en cambio, surge una metrópolis del futuro que parecer erguirse desde el subsuelo, en perfecta armonía con la naturaleza que la rodea: la Ciutat, una impresionante obra de ingeniería. Se puede visitar con una de las excursiones Costa y está compuesta por cinco estructuras diferentes, erguidas según un proyecto de Santiago Calatrava y Félix Candela. Si la forma del Hemisferic (un cine IMAX) recuerda a un ojo humano, la del Museo de la Ciencia (donde se pueden descubrir de manera interactiva inventos científicos y tecnológicos) se inspira en el esqueleto de un dinosaurio, mientras que el Parque Oceanográfico, el más grande de Europa, tiene las líneas de los iglús esquimales: una maravilla para los ojos de los más pequeños. En cambio, el Umbracle es un pasaje peatonal cubierto por unos arcos regulares y con un jardín con una gran variedad botánica, mientras que el Palau de les Arts Reina Sofia, con un auditorio para conciertos, tiene una estructura verdaderamente singular, y una espectacular iluminación nocturna.

Valencia, capital mundial de la alimentación

En 2017 hay un motivo más para visitar Valencia durante el crucero: la ciudad es la capital mundial de la alimentación por la FAO (Food and Agriculture Organization) y aloja el encuentro de las 100 ciudades que firmaron el Pacto de la política alimentaria urbana para combatir el hambre y el desperdicio de alimentos. Los visitantes de Valencia, durante todo el año, pueden participar en las rutas enogastronómicas organizadas, como la que visita los arrozales de la Huerta valenciana, fuera de la ciudad; o el parque natural de La Albufera, un oasis natural a 8 km de Valencia y a donde se puede llegar en autobús, una idea perfecta para una excursión con niños. También puede resultar inolvidable una comida en el restaurante con 1 estrella Michelin, La Sucursal, que volvió a abrir en primavera en la Marina Juan Carlos I, en el puerto de Valencia, en el interior del edificio Veles y vents, otro ejemplo de sugestiva arquitectura, donde combinar una excelente comida con exposiciones de arte.

Imagen: AGE/MONDADORI PORTFOLIO

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