No solo de Barcelona vive el hombre, al sur de la capital catalana, la Costa Dorada aloja otra ciudad llena de fascinación y diversión. Además de ser un destino vacacional para los amantes del relax, Tarragona es importante por su historia: fue la primera ciudad romana construida fuera de la península italiana (Tarraco es su nombre original). Un lugar donde la gran cultura del Mediterráneo, cocina incluida, está al alcance de la mano.

"Paseando por el barrio de los pescadores, El Serrallo, se pueden probar las gambas de Sant Carles de la Ràpita, los crustáceos de Cambrils y las anguilas del Delta del Ebro."

Cuando las piedras hablan

Pasear por Tarragona es como darse un baño en el tiempo, viajando dos mil años atrás. El anfiteatro es el símbolo de la ciudad, construido en el siglo I a.C. frente a la playa, para albergar los combates de los gladiadores; rodeado de arena, palmeras y del azul del mar, hoy en día sigue creando una sugestión espectacular. No se pueden dejar de visitar las ruinas del Pont del Diable, Patrimonio de la Unesco, un importante acueducto de doble arquería construido en seco con grandes piedras, en el siglo I por orden del emperador Augusto; al igual que las poderosas murallas de defensa y los restos del circo, donde se celebraban las carreras de cuadrigas.

Playas para todos los gustos

Con 15 km de litoral, Tarragona y la Costa Dorada son perfectas para todas las modalidades vacacionales: desde las grandes playas con servicios, como la Platja del Miracle, ideal para las familias, a las pequeñas playas salvajes y poco concurridas, como Cala de la Roca Plana, perfecta para parejas en busca de paz y silencio. Además, dos reservas naturales merecen una visita: la Punta de la Mora, donde la vegetación mediterránea se mezcla con las palmeras enanas, las carrascas y los bosques de enebro, y la playa de Tamarit, donde entre cañaverales y sauces llorones a la orilla del mar se han identificado hasta 80 especies de aves.

Enogastronomía de calidad

En lo que a cocina se refiere, Tarragona es el punto de referencia de toda la Costa Dorada. Al ser uno de los mayores puertos del Mediterráneo, los platos de mar tienen un lugar preponderante: paseando por el barrio de los pescadores, El Serrallo, se pueden probar las gambas de Sant Carles de la Ràpita (especialmente sabrosos en los pinchos, esfumados con coñac y crema de leche), los crustáceos de Cambrils (crudos o en salsa de alioli) y las anguilas del Delta del Ebro (en salmuera o acompañadas con arroz y guisantes). De tierra adentro nos llegan los productos para la típica salsa romesco (hecha con ñoras, tomates y almendras) y algunos de los ingredientes del pataco (un estofado de atún, caracoles, patatas, almendras, ajo y perejil). Las colinas son tierras fértiles también para la uva, cinco son las denominaciones de origen de la zona (Penedés, Conca del Barberà, Priorat y Terra Alta), que podéis degustar directamente en las bodegas explorando los itinerarios dedicados a cada uno de ellos.

Credits photo: Shutterstock

1 of 8