Una ciudad que tiene dos almas, la histórica y la contemporánea. Regala un patrimonio artístico sin igual, está rodeada de zonas verdes y es la conservadora de un folclore originado hace siglos. Tallin es una verdadera joya del Báltico y podrás descubrirla en un crucero por el norte de Europa.
“El casco antiguo de Tallin es Patrimonio histórico de la humanidad, la parte nueva es moderna y está llena de rascacielos”.

El casco antiguo y la “disputa” con Letonia sobre la invención del árbol de Navidad

La belleza empieza en su casco antiguo, que es Patrimonio de la Unesco. Imagina una ciudad con un pueblo medieval, murallas fortificadas, tejados rojos, edificios nobiliarios, callejuelas con talleres de artesanía, imponentes basílicas y un castillo. El casco antiguo se desarrolla alrededor de la plaza del Ayuntamiento (Raekoja). Y justo en este lugar, en el año 1441 sucedió algo mágico. Según los historiadores estonios, en el centro de la plaza se plantó un enorme abeto lleno de adornos, alrededor del cual se reunieron todos los ciudadanos para cantar y bailar. Y esta sería la primera aparición de un árbol de Navidad. Pero la autoría de este invento la reivindican y celebran también en Letonia. Obviamente con una fiesta anual, en la plaza del Ayuntamiento, en Riga.

Entre lugares encantadores y mazapán

Tallin logra sacar partido a los contrastes. El casco antiguo de la ciudad está lleno de historia y de cosas por ver; la nueva sede del barrio financiero, es muy moderna y tiene muchos rascacielos y oficinas tecnológicas y de diseño. Pero también hay sitio para las maravillas de la naturaleza, como las de la reserva de Kõrvemaa, donde podrás avistar osos pardos, lobos grises, y otras especies protegidas de pájaros como la cigüeña negra y el águila real. Además es posible hacer una inolvidable excursión a las zonas pantanosas donde las ciénagas se alternan con una espesa vegetación baja de pinos; esta sucesión de agua y plantas dan vida a un escenario muy evocador. También merecen una visita los lagos de Järvi, sumergidos en el verdor, que regalan rincones con una atmósfera fascinante. Tras todo este movimiento podrás concederte una pausa, tal vez con un dulce de mazapán. Tallin reclama haberlo inventado hace siglos, inicialmente como medicina que pasó a ser una chuchería. Gusto, arte, historia y naturaleza: en Tallin lo encontrarás todo. Una pequeña, colorida y agradable ciudad para visitar, ¿por qué no aprovecharla?

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