Antigua rival de Atenas, Platón la visitó en varias ocasiones porque estaba convencido de que podría ser la sede de la República.  Su pasado está impregnado de mitos, como el de Aretusa, una ninfa que, según cuenta la leyenda, se transformó en la fuente de Ortigia. Su historia está también unida a la ciencia y al arte: aquí nació el inventor Arquímedes y se refugió el pintor Caravaggio después de escapar de una prisión de Malta.  Descubrir su belleza junto a nosotros.
Platón, Arquímedes, Caravaggio, Federico II de Suabia: todos han dejado huella de su paso por Siracusa.

El Duomo y la iglesia de Santa Lucía

Sin duda alguna el símbolo de Siracusa es el Duomo, la catedral. Nació como templo dedicado a Atenea. Fue transformado en mezquita y seguidamente se convirtió en la primera iglesia cristiana de estilo normando. Después del terremoto de 1693, el interior y parte de la fachada fueron reconstruidos en estilo barroco. En los alrededores está la pequeña iglesia de Santa Lucía alla Badia, un edificio sencillo y sin grandes ornamentos si se compara con la catedral. Pero es un lugar famoso porque aloja el último lienzo de Caravaggio, que representa el entierro de Santa Lucia. El pintor, acusado de homicidio durante una pelea, huyó de Malta y halló protección en Siracusa.

El Parque arqueológico y el castillo

Siracusa custodia incontables tesoros en el Parque arqueológico de la Neapolis. El Teatro Griego, el Anfiteatro, la presunta tumba de Arquímedes y las latomías; son muchos los monumentos que hay aquí que forman parte del Patrimonio de la Unesco. La más famosa de las latomías es la Latomía del Paraíso, donde está la famosa cavidad “La Oreja de Dionisio”.  Así es como la definió Caravaggio, porque tiene la forma de un  gran pabellón auditivo y unas extraordinarias características acústicas. La leyenda cuenta que  el tirano de Siracusa, Dionisio, la usaba  para escuchar desde lejos lo que decían los prisioneros que tenía allí encerrados. Y no hay más que caminar un poco para sumergirse por completo en el periodo suabo con el castillo Maniace, construido en la parte extrema de la isla de Ortigia, que se debe al emperador Federico II de Suabia. Un paseo entre sus bastiones y torres ofrece una vista magnífica. Además, las impresionantes vistas del paseo marítimo son dignas de un decorado de ensueño; está lleno de  locales y restaurantes donde saborear la típica comida callejera siciliana o regalarse un selfie.

Siracusa no es una sola ciudad, encierra todo un universo. Se alimenta de mito, historia, arte y una naturaleza que parece lista para explotar en toda su belleza. ¿Por qué no aprovechar para regalarte unas vacaciones que parecen estar suspendidas en el tiempo y llenas de energía y color? Nosotros os estamos esperando para compartirlas con vosotros.