Majestuosos fiordos, antiguos glaciares, auroras boreales que aclaran los cielos invernales. Pero Noruega no es solo un mosaico de paisajes mágicos, es también una tierra acogedora poblada por un pueblo de un calor inaudito, que logra mantener el buen humor incluso durante la estación más fría y oscura del año. De hecho el invierno, con sus pocas horas diarias de sol, no asusta a los noruegos, al contrario, representa el momento ideal para reunirse ante la chimenea, saborear un varm sjokolade (chocolate caliente) y ver una buena película. Pero también es la ocasión perfecta para visitar los fiordos, patinar sobre hielo o dar un paseo con raquetas de nieve en una atmósfera sugestiva. ¿El secreto de la felicidad noruega? Combatir la oscuridad con el calor familiar y la inmersión en la naturaleza.

"«Koselig» también significa cuidar de los demás: las abuelas tejen prendas para regalar a sus familiares, se organizan veladas alrededor de la chimenea y actividades de grupo en la naturaleza."

El calor invernal

En Noruega, para hacer frente al hielo, se intenta ante todo aprovechar el calor humano. La palabra clave es koselig, que se refiere al “sentido del calor y la hospitalidad”. El invierno es la estación durante la que se pasa más tiempo con familia y amigos, tanto en casa como al aire libre.

Cocina

Con la poca luz de la que se dispone, las comidas se alargan mucho y los noruegos preparan abundantes stearinlys-middag (cenas a la luz de las velas). Preparaciones largas y mucho rato sentados en la mesa, como pequeñas fiestas cotidianas en las que cada uno hace su parte, preparando platos o poniendo la mesa, para terminar comiendo todos juntos entre charlas y risas. Nunca faltan los platos a base de carne, como el ribbe (panceta asada con chucrut y patatas) y el pinnekjøtt (costillas de cordero curadas y secadas), o de pescado, como el lutefisk (bacalao seco al horno). Las comidas concluyen siempre con café y dulces: los más típicos son el multekrem, a base de moras árticas y nata montada, y las galletas especiadas småkaker, entre las que se cuentas las pepperkaker al jengibre.

Actividades al aire libre…

En realidad el frío no afecta a toda Noruega de la misma manera. En el norte los termómetros bajan hasta -40 °C, pero en la zona de los fiordos y las costas el clima es menos agresivo, gracias a los efectos de la corriente del Golfo. Así que en invierno es una costumbre muy difundida divertirse organizando excursiones a los fiordos nevados, esquiando en las pistas de Geilo, Voss o Trysil, paseando en trineos tirados por perros o dando una vuelta por la ciudad. Por ejemplo, en Bergen, la perla de los fiordos, los habitantes pasean por el muelle admirando las fachadas de colores de las típicas casas de madera; toman el funicular Fløibanen que lleva al belvedere panorámico del monte Fløyen y prosiguen la excursión con una caminata por los senderos que se adentran en la vegetación.

… y puertas adentro

El frío transforma la tarde en la ocasión perfecta para encerrarse en uno de los numerosos locales urbanos para charlar. Los noruegos adoran el café y el consumo de esta bebida aumenta según bajan las temperaturas. Para entretener a la gente en los locales, los bares se transforman en lo más parecido a acogedores salones donde pasar horas agradables con la familia y los amigos frente a una taza humeante y una pepperkaker. En Bergen, el Krok og Krinkel Bokcafè (Lille Øvregaten 14, Bergen), con su librería y su gran surtido de dulces especiados, es una pequeña joya que nos puede ayudar a entender la relación noruega con el invierno. Tres cuartos de lo mismo pasa con los restaurantes, que se convierten en lugares de relax: sofás y mesas cerca de la chimenea, cojines para sentarse en el suelo en círculo, libros y juegos de mesa a disposición de todos en las estanterías, mantas para todo el mundo y una serie de dulces, platos y bebidas que reabastecen a los grupos continuamente y crean un ambiente que no existe en ningún otro lugar.