La historia de Cristóbal Colón es bien conocida pero aquí, en un rincón de República Dominicana, descubrirás un detalle asombroso. En una parte de esta isla vivió y gobernó Diego Colón, el hijo del explorador genovés. En tu crucero por el Caribe a bordo del Costa Favolosa, además de disfrutar del mar cristalino, podrás descubrir un edificio convertido en museo y una historia desconocida para la mayoría de la gente.    
En el barrio hay un mercado de comercio colonial donde encontrarás desde fruta hasta joyas

Una imponente mansión

Cuando Diego Colón se convirtió en gobernador de La Española (así es como se llamaba la colonia de Santo Domingo) ordenó que se construyera una imponente mansión. Edificado entre 1510 y 1512, el Alcázar de Colón es una impresionante casa construida con bloques de rocas coralinas. En su origen, el edificio estaba compuesto por 55 habitaciones y una gran cantidad de patios y jardines. Actualmente su dimensión es aproximadamente la mitad de lo que era en el siglo XVI. Para su construcción fueron necesarios más de 1500 indios taínos y no se usó ni un clavo, sino herramientas rudimentarias como sierras, martillos y cinceles. 

Un tesoro recuperado

La zona colonial de Santo Domingo, donde está la antigua residencia del gobernador, forma parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. En cambio, lo que era la antigua residencia del gobernador aloja hoy en día un museo. El Museo Alcázar Diego de Colón alberga una de las colecciones de obras de arte medieval y del Renacimiento europeo más importantes de todo el Caribe. Abrió en 1957 después de una reconstrucción realizada por el arquitecto español José Barroso. La colección está formada por más de 800 piezas originales de los siglos XIII al XX, entre las que destacan los tapices, los armarios, la colección de instrumentos musicales y los cuadros que decoraban las diferentes habitaciones, especialmente el despacho donde el hijo de Colón gobernaba el virreinato.

En busca de recuerdos

La historia se puede revivir a través de los objetos y las tradiciones. Uno de los lugares más visitados del barrio es el mercado de comercio colonial. El bazar con sus puestos cubiertos y al aire libre le añade un toque más de color al casco antiguo de la ciudad. Subiendo algunos peldaños, se accede a un laberinto de tiendas con productos típicos dominicanos, desde esculturas de madera hasta pinturas, de joyas de ambra a máscaras de Carnaval de papel maché, hasta llegar a puros y ron. Dejando atrás el mercado cubierto, las tiendas de la calle ofrecen fruta tropical, verdura, pescado y marisco; es la mejor manera de disfrutar de tus vacaciones.

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