San Francisco no es solo Lombard Street, el Golden Gate y los barrios tecnológicos de los colosos de la web (Apple, Google y Facebook tienen sus sedes en Cupertino, Mountain View y Palo Alto respectivamente). San Francisco es una de las ciudades más estimulantes y donde es agradable vivir del planeta, en parte por sus alrededores: naturaleza salvaje, costa bañada por el océano, suburbios relajantes y valles donde se producen los mejores vinos americanos. Estas tres excursiones fuera del centro harán que “Frisco” os guste aún más.

"Este es el secreto de Sonoma Valley: su variedad geográfica, que da origen a microclimas muy diferentes entre sí y, como consecuencia, a fantásticos vinos, hechos con uvas Cabernet, Chardonnay y Pinot."

El Muir Park y Sausalito

Al dejar atrás el Golden Gate Bridge empiezan 60 km de parques naturales a lo largo de la costa pacífica y hasta Drakes Bay; son “el jardín” preferido de los habitantes de San Francisco. La perla de este territorio es el monumento nacional Muir Woods, un parque natural protegido y poblado por altísimas secuoyas, algunas de las cuales llegan a tener 1200 años. De aquí parten senderos tortuosos y fascinantes (de unos 5 km, solo de ida) donde la densidad de los árboles acaba abriéndose a un cañón y a bahías salvajes, como las playas de Stinson y Muir. Siguiendo por otros 5 km por la nacional 101 hacia el norte después del Golden Gate, está Sausalito, una pequeña ciudad con elegantes edificios, tiendas, galerías de arte y un ambiente relajante. Merece la pena hacer una parada aquí, no es casual que la llamen “la Venecia californiana”. Pero no hay duda de que hay mucha menos gente que en la maravillosa ciudad italiana: es hermoso pasear entre las antiguas casas del siglo XIX desde los balnearios hasta Old Town; detenerse en el muelle para observar a los pescadores, o subir hasta The Hill, la zona de colinas que está a sus espaldas y que alberga lujosas mansiones.

Sonoma y sus vinos

60 km al norte de Sausalito se entra en el condado de Sonoma, centro de la industria vinícola americana. Aquí nos hallamos ante suaves colinas con sus filas de viñedos, castillos y bodegas (más de 420), ríos y bosques para practicar deporte y pasear, lujosos spa y un calendario de eventos muy apretado. Además de sus 60 km de abrupta costa con panoramas majestuosos. Este es el secreto de Sonoma Valley: su variedad geográfica, que da origen a microclimas muy diferentes entre sí y, como consecuencia, a fantásticos vinos, hechos con uvas Cabernet, Chardonnay y Pinot. Junto a la cercana Napa Valley, Sonoma se ha convertido en la meta imprescindible para los apasionados del vino. Muchas bodegas fueron fundadas por inmigrantes italianos y franceses, que importaron cepas de sus tierras de origen. Aquí se producen vinos de sabor afrutado y de más grado que sus referentes europeos. Los clásicos que hay que probar son los tintos con cuerpo como el Cabernet Sauvignon, Zinfandel (parecido al Primitivo de Manduria que se hace en el sur de Italia, en Apulia), Merlot y Pinot Noir; y los blancos frescos como el Riesling y el Gewürztraminer.

Un crucero por la bahía

La mejor manera de captar la esencia de la fascinación de San Francisco es sin duda alguna un crucero al atardecer, cuando los tonos anaranjados del sol iluminan el perfil de la ciudad. Se atraviesa el estrecho que separa la península de Tiburon y la isla de Angel, toda ella parque nacional, que aloja una ex base de misiles visitable (Nike Missile Site SF-88L) y un pequeño fuerte de la época de la guerra civil americana (Camp Reynolds). Un poco más al sur está Alcatraz, la isla que fue sede de la cárcel de máxima seguridad (cerrada en 1962) y que el cine ha hecho famosa. Y aún más icónico es él, el Golden Gate Bridge, símbolo de la ciudad. Pasar por debajo mientras el sol se hunde en el océano, con el latido del corazón de Frisco al sur y la bahía de Bonita Cove al norte es una emoción que no se olvida fácilmente.

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