Tanto si te encuentras en el mercado de Castries en Santa Lucia, en el de Bridgetown en Barbados o en el Market Square de Saint George’s en Granada, el impacto será similar al que se puede experimentar entrando en una tienda de comestibles bien surtida. Quienes han visitado el Caribe saben bien que allí se respira un aire particular, especialmente por la noche, durante el crepúsculo, tras unos minutos de llovizna tropical. Es un aire denso, saturado, que penetra fluido por la nariz transportando un cóctel de aromas aparentemente indescifrable y que consigue extasiar los sentidos.

"Granada está literalmente impregnada por el aroma exótico de las especias que se fabrican en su territorio. "

El aroma de las islas

Cada isla del Caribe deja su propia huella olfativa diseñada por la vegetación, por el terreno pero también, sobre todo en el caso de Granada, por las especias, un fantástico hilo rojo que une el Caribe, un archipiélago tras otro, del norte al sur desde un subcontinente al otro. Nuez moscada, canela, jengibre, macis, pimienta… mientras pasee por una ciudad o una población del Caribe huela el aire e intente adivinar exactamente el bouquet como si estuviera a punto de degustar un buen vino.

La isla de las especias

Pero en el Caribe, una isla sobre todas las demás se precia del título de “Isla de las especias”, se trata de Granada, el pequeño estado insular no muy lejos de la costa de Venezuela que incluso luce una nuez moscada en su bandera. Se puede decir tranquilamente que la economía de la isla ha girado alrededor de las especias durante siglos y que se pueden encontrar una multitud de ellas. En Granada se cultiva la nuez moscada (de cuyas flores se obtiene también el macis de aroma más delicado), el laurel, el clavo, el jengibre, el azafrán, la vainilla y la canela.

Preciosas como el oro

Mercancías por excelencia, esencias exóticas en movimiento perenne y objeto de la codicia de las grandes potencias coloniales. Cuando los corsarios ingleses y franceses perseguían a los buques españoles buscaban oro, claro, pero también nuez moscada que valía igual o más que el oro. Los piratas añadían nuez moscada y canela incluso en el ron así y daban vida al bumbo, un cóctel de sabor fuerte muy popular en los buques Jolly Roger, que ondeaban la bandera negra con calavera y fémures cruzados que helaba la sangre del equipaje de los barcos.

El perfume de Granada

Granada está literalmente impregnada por el aroma exótico de las especias que se fabrican en su territorio. El contraste violento entre el verde oscuro de sus alturas y el azul tornasolado del mar del Caribe nutren los ojos, así como las especias nutren el olfato, y el calipso y el reggae de las veladas de fiesta alimentan el buen humor. Se trata de plantas que provienen de otros sitios y traídas hasta aquí por las culturas que han poblado la isla en los últimos 500 años: indios americanos y de India, españoles, ingleses, franceses, africanos…

Los sabores de la cocina criolla

En la actualidad las especias se encuentran todavía en la cocina criolla, una cocina de síntesis que une, al igual que la cultura de la que desciende, la tradición europea y la de los indios americanos, la francesa y la inglesa, la india, la africana y la norteamericana. Aquí todo se mezcla: del plátano a la papaya, de la calabaza al arroz, a las judías, la patata, el mango, el coco junto con el pollo y mucho, mucho pescado. Lo que une todos estos ingredientes son, naturalmente, las especias con las que antes los esclavos aromatizaban los ingrediente humildes. Cada plato es un puente entre un continente y el otro y los ingredientes se mezclan gracias a las especias. Un ejemplo perfecto es la mezcla de especias que incluye jengibre, nuez moscada, macis, cúrcuma y cilantro y que se utiliza para aromatizar el pescado en Granada. Es difícil describir el sabor de la sopa de callaloo, un plato común de la tradición de otras islas del Caribe, que en Granada se prepara utilizando como ingrediente principal las hojas del taro (un tubérculo de origen polinesiano), okra, jengibre, cilantro, tomillo, leche de coco y carne de gamba (algunos añaden también carne de buey o cerdo). Se trata de un sabor inimaginable para nuestras papilas gustativas, no existe en realidad en la cocina europea o en la mediterránea algo similar.

Un lugar inolvidable

Pero Granada es también mucho más. Es verdad que el aroma chispeante de las especias deleitará el paladar y el olfato de los visitantes, pero la isla tiene mucho que ofrecer también en otros sentidos. Al contrario de otras muchas islas del Caribe, el perfil de Granada está caracterizado por considerables alturas, que se convierten en auténticas montañas si pensamos en el monte St. Catherine que supera los 800 metros o el monte Qua qua que supera los 700. En sus solos 300 quilómetros cuadrados de superficie incluye todo lo que se puede pedir a una isla del Caribe y que es raro encontrar en un único lugar: bahías y ensenadas sugestivas (algunas de ellas aisladas y solitarias donde llegar en barco para disfrutar de una especie de efecto Cast away), sobre todo al sur en la parroquia (este es el nombre de las áreas administrativas en las que se divide la isla) de Saint David, sin auténticas zonas habitadas; un mar encantador, típico del Caribe, con un contenido elevado de vida y un espeso bosque tropical, que se puede atravesar siguiendo los distintos senderos que hacen que sea posible visitarla de forma segura, y en el que es posible tropezarse con frescas cascadas como las Seven Sisters Falls o las Annandale Falls. Puesto que la isla se coloca entre trópico y Ecuador, la temperatura supera raramente los 30 grados y es igualmente raro que descienda por debajo de los 25 (pero cuidado: como en toda la franja subtropical son frecuentes las lluvias pasajeras). Si piensa en una imagen de Granada, tiene que componer un collage mental con todo lo que sueña pensando en las islas del Caribe: las playas blancas, las palmas, el clima suave, el mar cristalino, los ritmos de vida relajados, la música… pero hay una característica de la Isla de las Especias que no tiene comparación en el resto del mundo y que ningún dépliant o documental podrá explicar jamás: el aroma.

Credits photo: AGE/MONDADORI PORTFOLIO