Llegar a un destino y verlo desde el barco es algo único. Observar la meta y el territorio que la rodea y disfrutar desde la cubierta viendo cómo se acerca la costa en un descubrimiento progresivo que ayuda a revelar cada detalle, a enfocar cada singularidad, una tras otra. Y quien viaja en un crucero vive la magia de despertarse cada mañana en un nuevo destino, cuyo descubrimiento empieza por el puerto. Aquí os dejamos una selección de 10 puertos del mundo que, por un motivo u otro, hacen que el viaje sea aún más especial.

"Con sus 14 islas, la capital sueca aflora desde el agua regalando una experiencia única para los sentidos."

Río de Janeiro

El puerto de Río está situado en una de las bahías más grandes y bonitas del mundo: Guanabara. Llegar a Río de Janeiro significa regalarse los ojos con los iconos inmortales de la cidade maravilhosa: las playas de Ipanema y Copacabana, los muchos “panes” que dibujan la costa hasta el Pan de Azúcar, el Cristo Redentor que abraza la ciudad desde el monte Corcovado. Es la mejor ocasión para recorrer con la mirada un horizonte infinito de edificios y alturas que componen una de las ciudades más pintorescas y fascinantes del mundo como un puzle.

Split

Llegar a Split desde el mar es un viaje dentro del viaje. La conformación de la costa croata, con sus numerosas islas, forma un panorama compuesto por el mar transparente y colinas verdes. El puerto es una bahía que se asoma inmediatamente al corazón de una ciudad, que vive del mar, y en pocos metros habla mucho de su pasado, de su presente y de su futuro: el moderno paseo marítimo Riva es el lugar preferido por los jóvenes de Split para socializar y divertirse, justo detrás asoma el campanario de la catedral de San Duje y el Palacio de Diocleciano.

Barcelona

El gigantesco puerto de la capital catalana está muy cerca del centro, lo que inevitablemente ayuda a intuir el bullicio de la movida en las famosas Ramblas, a las que se puede llegar cómodamente a pie al desembarcar, al igual que al Acuario y a los modernos locales del muelle. Pocos metros más al norte, el ambiente cambia y se puede respirar el del antiguo Barrio Gótico: es el corazón de la cultura catalana, ideal para dar románticos paseos por sus calles medievales y degustar aperitivos a base de tapas.

Sint Maarten

La isla franco holandesa, que forma parte de las Pequeñas Antillas, es un paraíso caribeño que sabe regalar al crucerista emociones fuera de lo común, ya desde lo lejos. Sus aguas son de las más transparentes que pueden verse, conectadas armónicamente con las suaves colinas de la isla.Una visión más propia de un sueño, donde es posible distinguir la parte holandesa de la isla (urbanizada y más dirigida a la diversión) de la francesa (de naturaleza más salvaje).

Nápoles

La armonía del Golfo, la punta del Castel dell’Ovo, el Vesuvio al fondo: Nápoles es emoción pura, y llegar hasta ella en barco en un día de sol es un verdadero espectáculo. El puerto es el centro neurálgico de la ciudad, a poca distancia a pie del Maschio Angioino, el castillo medieval y renacentista símbolo de los partenopeos, el histórico Teatro San Carlo y la elegante Galleria Umberto, construida a finales del siglo XIX.

Sídney

El puerto de Sídney es uno de los más importantes del mundo, y se extiende sobre una de las bahías más características del planeta, Sydney Harbour: 240 kilómetros de costa que se adentra en la ciudad desde el faro de Hornby entre pequeños fiordos, islas, estanques y bahías. Es una imagen espectacular con la que se regocijan los amantes de la fotografía, con las muchas perspectivas que se pueden crear con el Harbour Bridge al fondo, o la famosísima Opera House, teatro de la ópera icono de la metrópolis.

Shanghái

En la desembocadura del Río Azul, el puerto de Shanghái tiene un movimiento inaudito, igual que la ciudad que se admira desde el Bund, el barrio que se extiende desde el paseo marítimo; un pedazo de historia de la ciudad, con los edificios coloniales de estilo europeo que se persiguen a lo largo de los dos kilómetros de la avenida, testimonio de la ocupación extranjera que duró hasta el principio del siglo XX. Aquí se puede admirar el fascinante y curioso perfil de la ciudad, considerado uno de los más hermosos del mundo, que por la noche se ilumina como un parque de atracciones: el edificio “coronado” de Hsbc, el Peace Hotel con el techo verde y piramidal, y el clásico Palacio de la Aduana.

Estocolmo

Con sus 14 islas, la capital sueca aflora desde el agua regalando una experiencia única para los sentidos. Navegar hasta Estocolmo es un estímulo para la fantasía y un juego para agudizar la mirada: el archipiélago es una gran extensión de bahías y pequeños islotes de abundante vegetación, salpicada por los colores de las típicas casas escandinavas de madera. El centro está construido con la racionalidad lineal de las ciudades del norte (imprescindible un paseo por la ciudad antigua de Gamla Stan, la parte histórica) que se mezclan a los recovecos irregulares de los canales y al abundante verdor de los parques.

Bergen

Sigue siendo Bryggen, el puerto antiguo, el corazón de Bergen, restructurado con tanto mimo que se ha merecido el título de Patrimonio de la Unesco y se ha convertido en una verdadera atracción turística internacional. Alma del comercio noruego hasta finales del siglo XVIII, ahora es el barrio más intrigante de la ciudad, formado por casas de madera de colores cálidos y por tejados inclinados alineados sobre el paseo marítimo de la bahía de Vagen.Las calles interiores están llenas de tiendecillas típicas y muy cerca se encuentra el Fisketorget, el importante mercado del pescado.Por arriba, el panorama inconfundible con las casas de estilo nórdico que suben hacia el cielo.

Dubái

Lujoso como la ciudad que lo aloja, el puerto de Dubái está considerado uno de los cinco más elegantes del mundo. Llegando desde el mar es posible divisar el célebre perfil, que es el icono de la ciudad del Emirato, con 18 edificios de más de 300 metros de altura. Entre las azules aguas del Mar Arábigo y el desierto se eleva el majestuoso Burj Khalifa (el edificio más alto del mundo), la característica “vela” sobre el mar del Burj Al Arab, la torre helicoidal de Cayan y muchos otros rascacielos. El impacto es impresionante, tanto a la luz del día como con la iluminación nocturna.

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