El glaciar Perito Moreno y las Torres del Paine. La legendaria Tierra del fuego y Ushuaia, la ciudad más meridional del mundo y puerta de la Antártida. Pocos lugares cambian para siempre el alma de quien los descubre como esta tierra, situada en el extremo sur del planeta y dividida entre Chile y Argentina.

"El chapoteo del agua, el canto de los pájaros, el silbido del viento. Son los mismos que, siglos antes que vosotros, escucharon Magallanes y otros legendarios exploradores."

“En Patagonia he visto cosas que no podéis imaginar”. Así podría empezar la narración de vuestra experiencia en esta tierra de belleza primordial y salvaje, tras haber puesto en orden los apuntes de vuestra Moleskine, el bloc de notas de viaje más famoso del mundo. Antes que vosotros ya lo hicieron el inglés Bruce Chatwin y el chileno Luis Sepúlveda, los dos grandes escritores que con sus libros han hecho universal el mito de la Patagonia. Un mundo donde la aventura, escribe Sepúlveda en Patagonia Express, “no solo sigue siendo posible, sino que es la forma primordial de vida”. Y es que es así de verdad, en esta tierra sin confines, dividida entre Chile y Argentina, poblada por apenas dos habitantes por quilómetro cuadrado.

El hielo que crece

Entre las mil experiencias que podréis vivir en la Patagonia, una de las más extraordinarias es el descubrimiento del glaciar Perito Moreno, en el Parque Nacional Los Glaciares. Es la tercera reserva de agua dulce del mundo, y uno de los pocos glaciares que crece en vez de derretirse a causa del calentamiento global. Os vais a sentir muy pequeños cuando estéis ante esta inmensa formación de hielo perenne, sumergida en las azules aguas del Lago Argentino. Pero es una sensación grandiosa. Y mientras lo contempláis desde una de las plataformas panorámicas colocadas a pocas decenas de metros (totalmente seguras), tal vez seáis afortunados y tengáis la suerte de ver cómo se separa una columna de hielo que, con un estruendo atronador, rompe la magia del silencio que os rodea, y cae a las aguas del lago.

Las "tres torres" de Chile

Entre las maravillas patagónicas chilenas, el Parque Nacional Torres del Paine destaca por su majestuosa y primordial belleza, tanto que fue declarado reserva de la biosfera por la Unesco. Sus estrellas indiscutibles son las Torres, tres estatuarios monolitos de granito esculpidos por el viento y el hielo, la más alta de las cuales roza los 2800 metros. Los repentinos cambios de tiempo (que aquí están a la orden del día), cambian el color de las tres montañas bajo vuestros ojos. Este continuo y espectacular juego de luces y efectos cromáticos toca su punto álgido cuando, tras haberos topado con raras formaciones de esquisto negro (los cuernos), glaciares, lagos, ríos y valles, llegáis a la Laguna Azul. En este espejo de agua que se asienta sobre un viejo cráter volcánico, los tres picos se reflejan perfectamente: rozad el agua con la mano y tendréis la sensación de tocar las cumbres de las Torres y el cielo de la Patagonia con un dedo.

El fin del mundo

“Tierra del Fuego. Los fuegos eran los de un campo de indios fueguinos. Según otra versión, Magallanes solo vio humo y la llamó Tierra del Humo, pero Carlos V dijo que no podía haber humo sin fuego, y le cambió el nombre”. De esta manera, Bruce Chatwin recuerda el origen del nombre de esta “tierra en el confín de la tierra” en su famoso libro En la Patagonia. Ushuaia, la ciudad situada más al sur de todo el mundo, es su capital. Aquí, todo se inspira en esta sensación de última frontera. Como el “Tren del fin del mundo” o “tren de los presos”, a bordo del cual podéis recorrer el trazado que desde principios del siglo XX unía el centro penitenciario local con el bosque donde los detenidos —a menudo por motivos políticos— iban a cortar leña. Disfrutad de su discurrir lento y panorámico y después, de vuelta en Ushuaia, degustad el gran clásico de la cocina de esta tierra, el delicioso y generoso asado de la Patagonia, un típico asado a base de carne de cordero.

Como Magallanes

Simbólicamente, podríais cerrar vuestra aventura patagónica llegando al “Faro del fin del mundo”. Se yergue en uno de los islotes que os encontraréis cuando atraveséis en catamarán el Canal de Beagle. El estrecho divide en dos el Parque Nacional de la Tierra del Fuego, otra maravilla de la naturaleza poblada por magníficas criaturas como el cóndor de los Andes, albatros y cormoranes, nutrias, zorros y visones. A bordo del catamarán cerrad los ojos y concentraos solamente en los sonidos: el chapoteo del agua, el canto de los pájaros, el silbido del viento. Son los mismos que, siglos antes que vosotros, escucharon Magallanes y otros legendarios exploradores. Todo cuanto les fascinó de la Tierra del Fuego y la Patagonia sigue allí. Listo para que lo descubráis durante la Vuelta al mundo Costa que os llevará a estas tierras durante el 2019, y para que lo contéis en vuestras Moleskine.

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