Fascinación, pasión, originalidad: así está emergiendo Montevideo como nueva meta internacional. La capital de Uruguay es una metrópolis alegre y variada donde conviven tradiciones europeas, brasileñas, argentinas y africanas en una mezcla de exotismo y racionalidad. Estas son las huellas que hay que seguir durante una visita a la ciudad, para entenderla mejor y amarla definitivamente.

"La mejor manera de familiarizarse con los uruguayos es preguntarles de qué equipo son; la pasión por el fútbol se extiende a toda la ciudad."

El orgullo de la Ciudad Antigua

El centro de Montevideo nos habla de su pasado colonial y su ADN está hecho de sangre española y portuguesa (estuvo bajo el dominio de estos países en repetidas ocasiones) y de herencia africana, legado de la trata de esclavos que en el siglo XVIII tocó también a Uruguay. Hay que descubrir a pie la Ciudad Vieja, paseando por sus calles peatonales consteladas de fascinantes edificios de los siglos XIX y XX. Hay dos recorridos imprescindibles: uno hasta la Rambla, el paseo marítimo, para contemplar las puestas de sol de fuego en medio a los ciudadanos que se relajan bebiendo mate; el otro hasta la Plaza Independencia, para admirar una postal perfecta de la capital, entre palmeras, jardines y monumentos de los héroes nacionales. Una esperanza única para sumergirse en el pasado de Montevideo es recorrerla con el tren de vapor de 1910, perfectamente restaurado, que sale de la Estación Colón y recorre algunos tramos del centro.

La madre del fútbol

Si Inglaterra es el padre, se dice que Uruguay es la madre del fútbol. Aquí se disputó el primer Mundial de fútbol en 1930, en el inmenso Estadio del Centenario, donde actualmente está también el Museo del Fútbol. La mejor manera de familiarizarse con los uruguayos es preguntarles de qué equipo son; la pasión por el fútbol se extiende a toda la ciudad, que tiene, ni más ni menos, que 15 equipos de fútbol. Tanto es así que la liga nacional es casi toda un derby entre los equipos de la capital (y suelen ganar Peñarol y Nacional). El estilo de juego uruguayo, que derrocha talento inventivo y arrogancia, se puede admirar incluso en los partidos que se juegan en las playas preferidas de los montevideanos: Pocitos y Buceo.

Fiesta continua

Gracias a sus influencias culturales, en Montevideo hay fiesta casi siempre. Los domingos los barrios de Palermo y Barrio Sur —los más coloreados, tradicionales y alegres de la ciudad, que se asoman al Río de la Plata, al sur del centro— retumban con los ritmos de las percusiones y el candombe, la música-danza que llegó a Montevideo con los esclavos africanos. Y este ritmo se extiende a todos los barrios de Montevideo, a medida que se acerca el Carnaval, la fiesta más popular en Sudamérica, que en esta ciudad es la más larga del mundo: ¡dura hasta 40 días! entre llamadas (desfiles de bailarines y carruajes alegóricos) y cuerdas de tambores (grupos de tambores). Además, a principios de febrero, y en pleno periodo de carnaval, en las principales playas de la ciudad se celebra otra de las fiestas más sugestivas del país, la de Yemayá: es un rito de origen Yoruba (una población nigeriana) dedicado a la Reina del mar, una diosa a la que se ofrecen regalos (joyas, comida, velas…) y se cargan sobre una barca que se lleva al mar, mientras se canta y baila al son de los ritmos africanos. Una fiesta que vale la pena vivir y que permite sumergirse completamente en la cultura de estas tierras.

Credits foto: AGE/MONDADORI PORTFOLIO