Un viaje que desafía las alturas y regala emociones. ¿Cuáles son los puntos panorámicos imprescindibles? Ocultos entre la naturaleza, en medio de las rocas o en la cima de una colina. Grecia, Italia y España, un recorrido que va de arriba a abajo para que encuentres esas vistas únicas, que serán la envidia de todos.
Los jardines de Capri, las colinas romanas y Barcelona: la naturaleza ofrece puntos de vista privilegiados.

Meteora, Grecia

La perspectiva inicial de este viaje es una mezcla de naturaleza y espiritualidad. Los mismos elementos que buscaban los monjes ortodoxos cuando llegaron a Meteora, en el norte de Grecia y cerca de Kalambaka. En las torres naturales de roca construyeron los monasterios de Meteora, que se convirtieron en Patrimonio de la Unesco. De los veinticuatro centros originales, seis siguen en funcionamiento y se pueden visitar para lograr una vista adrenalínica “suspendida” entre el pasado y el presente.

Tibidabo, Barcelona

Mantenemos la fascinación y la aventura y viajamos hasta Barcelona, desde donde tenemos una vista especial. El Tibidabo es un lugar mágico: se trata de una colina de 512 metros que domina la ciudad y aloja un parque de atracciones y una iglesia llena de historia y de mosaicos. La característica única es la vista que se puede contemplar desde arriba. Una vista panorámica sobre Barcelona e incluso un tramo de la Costa Brava.

Cap de Cavaleria, Menorca

Es el lugar perfecto para disfrutar de un atardecer. Estamos en la parte septentrional de la isla de Menorca. Mar, arena fina y un panorama único con acantilados de 80 metros que ofrecen un escenario ideal. La vista es un auténtico espectáculo y tendrás una perspectiva única, aunque siempre es mejorable: imagínate subir a lo alto de un faro que divisa las aguas desde un centenar de metros de altura.

El Gianicolo, Roma

Ahora nos vamos hasta Italia. Desde la colina Gianicolo se puede disfrutar de una de las mejores vistas sobre Roma. Una terraza natural, atravesada por dos avenidas que os permitirá admirar las basílicas de la ciudad, el Panteón y el Altar de la Patria. Estamos entre el Vaticano y el Trastevere, en la orilla derecha del Tíber. Además, una curiosidad iluminará aún más tu jornada: a mediodía, sobre el Belvedere se puede asistir a la salva de un cañonazo. La costumbre cotidiana de marcar el tiempo con este ritual fue introducida por el Papa Pío IX el 1 de diciembre de 1847 para tener una señal única y oficial de la hora.

Jardines de Augusto, Capri

Seguimos hacia el sur por el sendero de la naturaleza. Un punto panorámico poco habitual, pero lleno de encanto. Los Jardines de Augusto, en Capri, ofrecen un jardín botánico donde predominan una serie de terrazas floridas desde las que se pueden admirar las maravillas de la isla y de la costa: desde los Farallones hasta la bahía de Marina Piccola.

Naturaleza, silencio y sencillez. A veces para vivir las mejores experiencias solo hay que ser capaz de mirar las cosas desde una perspectiva diferente: la que queremos tener junto a vosotros.