Hay almenos cuatro motivos de peso para viajar a Okinawa, isla del archipiélago de las Ryūkyū en el sur de Japón. El primero son sus costas y la naturaleza, verde e incontaminada, que se puede admirar desde Cabo Manzamo y que ofrece un panorama que se asoma a la infinidad del océano. El segundo es su historia, la de la Segunda Guerra Mundial, que se ensañó con este país de manera particular, pero también la de la mezcla de culturas diferentes que de la que nos hablan los monumentos de la isla, como el Castillo de Shuri, votado por la revista americana Travel+Leisure como el décimo más visitado del mundo. El tercero es la animación de las calles del centro, donde es imposible resistirse a las compras. El cuarto, sus tradiciones artísticas, entre música y danzas típicas. Vamos a descubrir un poco más.

"En los locales de la capital podréis escuchar a músicos tocar la tradicional guitarra sanshin, una especie de banjo de tres cuerdas con la caja de resonancia forrada con piel de pitón."

Sumergidos en la naturaleza de Cabo Manzamo

La naturaleza es un espectáculo salvaje y exuberante en Okinawa, y Cabo Manzamo, al oeste de la isla, es un lugar privilegiado para admirarla. Este promontorio modelado por el viento se asoma al mar y ofrece una increíble panorámica de la costa bañada por el Océano Pacífico y las islas hermanas Ie-Jima, Sesoko-Jima y Minna-Jima (el sufijo -Jima significa precisamente “isla”) con sus playas blancas y los detalles turquesa bien visibles desde el cabo. Se dice que el rey Yukyu Sho Kei, perplejo de admiración ante su enormidad y belleza, lo definió como “un acantilado para miles de ciudadados” porque hubiera podido acoger a todos sus habitantes juntos: man, en Manzumou, en japonés significa “miles”.

Un salto a la historia antigua: el castillo de Shuri Patrimonio de la Unesco y símbolo de la isla: es el castillo de Shuri (Shuri-jō), a poca distancia del centro de Naha, la capital de Okinawa. Lo que vemos hoy es una fiel reconstrucción del edificio original medieval, destruido durante la Segunda Guerra Mundial. La maravilla llega a los ojos ya ante su monumental puerta de entrada, llamada Suizen, y la escalinata de piedra que lleva a la plaza central. El estilo es diferente de los castillos japoneses y refleja la historia del archipiélago Ryūkyū, con muchas referencias a China. Lo demuestra el rojo bermellón de los muros del castillo y las paredes de la sala principal. En el interior del edificio hay ahora un museo, donde es posible ver los restos de la antigua cultura Ryūkyū — como el trono del rey de oro taraceado con hábil arte —, mientras que en el exterior, entre palmeras y vegetación, podréis disfrutar de una vista muy sugestiva del océano y de todo el puerto de Naha. Además, se puede admirar el pozo Riuhi, en forma de dragón, cuya agua servía para saciar la sed de los habitantes del palacio real.

Kokusai y las compras en Naha

Para llevaros a casa un recuerdo de extremo Oriente, recorred Kokusai, la larga calle comercial de Naha, con casi dos kilómetros de bares, boutiques y tiendas. No os podéis marchar sin una estatuilla de Shisa, la mitológica divinidad de la isla, o una caja de los dulces más famosos, las galletas Chinsuko, de tradición china, sencillos dulces perfumados con base de manteca. Una etapa obligada es el mercado de Makishi con sus alegres puesto de pescado y productos locales. ¿Sabíais que se puede comprar comida en el mercado y hacer que os la cocinen en uno de los restaurantes de la zona? Disfrutad de un merecido descanso en un bar de la calle para probar el saké y el awamori, un destilado alcohólico típico de Okinawa. En el centro hay muchos clubes donde la población local practica el karate; aquí nacieron y crecieron muchos grandes maestros de esta disciplina. En esta isla se ha desarrollado además otra arte marcial que se llama Naha-te — toma el nombre de la capital —, una disciplina parecida al karate, pero que se inspira también en el kung fu chino tradicional.

Danzas y músicas de Okinawa

En Okinawa la tradición musical tiene unas fuertes raíces y ofrece sugestivas melodías orientales. En los locales de la capital podréis escuchar a músicos tocar la tradicional guitarra sanshin, una especie de banjo de tres cuerdas con la caja de resonancia forrada con piel de pitón. En el centro de la capital, Naha, cada noche los teatros proponen sugestivos espectáculos donde se alternan varias danzas tradicionales. Una de las más famosas es la danza del León, de origen chino, en el que los bailarines se disfrazan de felinos y se mueven al ritmo de la música alejando el mal. También es muy conocida la danza Yotsudake, típica y originaria de la isla de Okinawa, que se bailaba en la corte del rey. Aquí las bailarinas llevan un traje tradicional de seda con un gran gorro rojo en forma de flor. No hay que perderse las notas e instantáneas.

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