En Nosy Be el santo y seña es mora mora, que significa “despacito”, tomar las cosas con calma, relajarse, sonreír a la vida. De ahí viene lo de “Isla de las sonrisas”, el nombre con el que se conoce a esta pequeña perla, que está muy cerca de la costa septentrional de Madagascar. Pero, además del ambiente sereno, de la calidez de su gente, del clima ideal y de las espléndidas playas que hacen de ella una meta que se graba para siempre en los recuerdos de un crucero perfecto, tiene otras características únicas que no se encuentran en ninguna otra parte.

"¿Qué son las pinturas florales que decoran los rostros de las mujeres de Nosy Be? Se trata del masonjoany, un cosmético importado por la población de origen indio que se convirtió en una característica de la cultura local. "

Naturaleza fuera de lo común

Grandes colinas, densos bosques con una increíble biodiversidad, ensenadas bordeadas de palmeras, que son verdaderos rincones de paraíso. Nosy Be ofrece muchísimo a los amantes de la naturaleza y, como en el archipiélago del que forma parte, su evolución se ha desarrollado independientemente a la del resto de Asia y África, dando vida a un paraíso “alternativo” sorprendente. Podréis admirar su vegetación durante una sugestiva excursión que sale del poblado de pescadores de Ambatozavavy y atraviesa la bahía del mismo nombre sobre una piragua, una embarcación tradicional: a vuestro alrededor la selva pluvial (protegida por la Reserva de Lokobe), diseminada con once lagos volcánicos. Y aquí destacan las extensiones de manglares, donde viven moluscos y crustáceos, base de la cocina local. Y eso no es todo, encaminándoos entre senderos poco transitados y la verde entrada a la selva, podréis ver una fauna peculiar autóctona, que solo se encuentra aquí. De hecho, Madagascar cuenta con muchas especies endémicas como los simpáticos lémures macaco, seis especies diferentes de camaleones, dieciséis de tritones y las ranas más pequeñas del mundo, ¡de solo 10 milímetros!

El masonjoany y el culto a la belleza

¿Qué son las pinturas florales que decoran los rostros de las mujeres de Nosy Be? Se trata del masonjoany, un cosmético importado por la población de origen indio que se convirtió en una característica de la cultura local. Viene de las ramas de la planta de sándalo, de las cuales se extrae un polvo que se mezcla con agua y aceite. Se utiliza para proteger el rostro de los rayos de sol y hacerlo más luminoso, pero sus virtudes no se limitan a eso: tiene propiedades lenitivas, desinfectantes, relajantes y antisépticas y otorga una agradable sensación de ligereza. Un recuerdo ideal para regalar y regalarse…

La música contagiosa

Los ritmos que invaden Nosy Be hablan de la cultura de Madagascar y del amor por la fiesta de estas tierras. La música es una síntesis de sonidos importados por los colonizadores asiáticos, árabes, franceses y africanos. El género más característico es el salegy, un abanico de percusiones que apoya a los instrumentos de cuerda típicos, como el kabosy (parecido al mandolino) y la valiha (una especie de cítara con una caña de bambú como caja armónica). Es muy fácil dejarse contagiar y no hay mejor banda sonora para acompañar una puesta de sol sobre el océano. Por no hablar de la danza: en el pueblo de Marodoka, a pocos kilómetros de la capital, Andoany (conocida también como Hell-Ville), por ejemplo, entre ficus gigantes y la calurosa bienvenida de las mujeres del lugar, se puede asistir a folclóricas exhibiciones de bailes locales.

El moraingy, una lucha muy festiva

Un espectáculo que no os podéis perder es el moraingy, un arte marcial típico de varios poblados (Dzamandzar, en la costa oeste, es el centro más importante). Los atletas se desafían usando manos, pies, rodillas, codos y cabeza, mientras a su alrededor resuenan las percusiones salegy. El moraingy está difundido por toda esta porción del océano Índico y, además de una lucha, es un divertido momento de fiesta y reunión.

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