Elogiadas por Aleksandr Pushkin y por muchos otros escritores, las noches blancas de San Petersburgo también han inspirado a Fiódor Dostoyevski, que llamó a uno de sus libros Belye Noči (Noches blancas). De mayo a agosto, este especial fenómeno anima la ciudad rusa: la luz del sol de medianoche también ilumina la noche creando una atmósfera mágica y surrealista. La espléndida arquitectura asume nuevos volúmenes y el Neva, el río que corre a través de San Petersburgo, se transforma en una serpiente de plata que refleja los rayos débiles del atardecer. Es el momento de celebrar estos días con un sinfín de festivales, banquetes y conciertos.

"Con el crepúsculo que se confunde con la madrugada, San Petersburgo se tiñe de emocionantes matices."

El fenómeno

Las noches blancas no son exclusivas de San Petersburgo. Al igual que otros lugares del norte situados por encima de los 66,5 grados de latitud, la ciudad rusa disfruta de la experiencia del sol de medianoche. Durante la transición de la primavera al verano, en esta latitud la inclinación del eje terrestre con respecto a la órbita de la Tierra alrededor de su estrella hace que el Sol nunca baje más allá del horizonte. Los días más largos del año son entre el 20 y el 23 de junio, donde el día dura más de dieciocho horas.

Qué ver

Con el crepúsculo que se confunde con la madrugada, San Petersburgo se tiñe de emocionantes matices. Es la oportunidad perfecta para aventurarse en una caminata nocturna a lo largo de la avenida Nevsky para observar los colores del río Neva, o bien, acercarse a la playa de la Isla de las Liebres, en medio del río. A continuación, el Hermitage es una parada obligatoria: junto con otros museos de la ciudad amplía su horario de apertura para esta ocasión. Si deseáis alejaros de la ciudad también se pueden visitar las residencias de verano de los zares, como Peterhof y el hermoso palacio de Catalina.

Dónde comer y beber

Desde Koryushka (Petropavlovskaya Krepost, 3, Zayachiy Island), un restaurante que se encuentra cerca de la Fortaleza de Pedro y Pablo, se pueden degustar los platos típicos en un ambiente íntimo e informal; desde las mesas que dan a los grandes ventanales se tiene una hermosa vista del Neva y la ciudad entera. Para continuar con la larga noche, una buena idea es pasar por el Daiquiri Bar (Gorokhovaya St, 49) para disfrutar de un cóctel o el JFC Jazz Club (Shpalernaya St., 33) para vivir una experiencia elegante dedicada a la música de jazz.