Es el momento más mágico del año para la familia, sobre todo para los niños; Navidad significa convivencia, compartir, disfrutar de la compañía. Y sorpresas, porque puede ser una ocasión perfecta para concederse un viaje todos juntos, combinando el relax, la diversión y alguna que otra sorpresa. Aquí tenéis cuatro sugerencias para una Navidad inolvidable fuera de los recorridos habituales.

"Roma es hermosa todo el año, pero durante las fiestas garantiza una atmósfera que hace aún más especiales unas vacaciones orientadas a la contemplación de las bellezas artísticas, sobre todo si viajáis con niños."

Las mil luces de Shanghái

Chispeante y llena de energía, la metrópolis símbolo de China parece siempre vestida de fiesta: una meta perfecta si queréis pasar la Navidad sumergidos en un caleidoscopio de luces, sonidos y colores, y vivir una experiencia tan sorprendente como emocionante. Empezad por el Bund, el paseo de la orilla oeste del río Huangpu, bordeado por edificios ingleses y franceses de estilo Art déco. En la otra orilla despuntan los rascacielos más vanguardistas: la torre Jin Mao, la torre Oriental Pearl TV y la espiral de la Torre Shanghái (el segundo edificio más alto del mundo con sus 632 metros), que por la noche permiten admirar la ciudad desde lo alto, que brilla como si de un árbol de Navidad se tratara. Y una atmósfera muy diferente es la que se respira en el barrio Tianzifang, un laberinto de típicas callejas donde se concentran boutiques, galerías de arte, cafés y restaurantes.

La atmósfera encantada de Roma

Una propuesta diferente a las anteriores, muy adecuada para los amantes de la historia, el arte y la cultura; y, probablemente, la más clásica, es visitar la Ciudad Eterna durante las Navidades. Roma es hermosa todo el año, pero durante las fiestas garantiza una atmósfera que hace aún más especiales unas vacaciones orientadas a la contemplación de las bellezas artísticas, sobre todo si viajáis con niños. Aquí la Navidad se vive con una intensidad especial y regala emociones espirituales como ningún otro lugar del mundo: las calles se llenan de luces y mercados, en las iglesias se admiran espléndidos pesebres y no hay mejor momento para ir a San Pedro que el de la misa del gallo, que celebra el Santo Padre. Aparte de las metas obligatorias, podéis aprovechar la ocasión para descubrir tesoros menos conocidos. Como la Central Montemartini, una antigua central termoeléctrica de principios del siglo XX reconvertida en museo de esculturas romanas. O bien, la Roma subterránea de las catacumbas, entre las que están las de Santa Domitilla y de Priscilla: una visita a estos antiguos nichos es una experiencia que no deja a nadie indiferente.

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