Tenerife: algo más que playas y bronceado. La isla más grande de las Canarias es un mosaico de acantilados monumentales, montañas y volcanes que regalan sugestiones especiales; sus rincones inauditos y sorprendentes son capaces de enriquecer las vacaciones y dejar huella.

"Se puede subir en teleférico, y dejarse conquistar por el panorama más hermoso de Tenerife, que acanza hasta las islas vecinas."

Maravillarse en Los Gigantes

Las rocas volcánicas caen en picado desde los Acantilados de Los Gigantes, que se persiguen uno tras otro hasta alcanzar los 600 metros de altura; son un museo de arte natural a cielo abierto, con sus formas perfectas que parecen recortadas a mano. Están en el litoral de Punta de Teno, al noroeste de Tenerife, a lo largo de un recorrido panorámico. Si se tiene suerte, se pueden ver las ballenas que se acercan a la costa.

Relajarse en Montaña Amarilla

Merece la pena llegar hasta este lugar un poco escondido (una bahía al este de la Costa del Silencio) y adentrarse entre las rocas multicolor de la Montaña Amarilla para admirar las piscinas naturales y la vista de la isla desde lo alto. Con sus euforbios, las rocas moldeadas por la erosión y los perfumes del océano, es un lugar de relax absoluto, lejos del caos de las playas urbanas.

El teleférico del Teide

En Tenerife también se puede hacer vida montañera. El Teide, en el Parque Nacional que lleva su nombre, es la cumbre más alta de España (3718 metros), así como Patrimonio de la Unesco. Surge de una caldera y es una obra maestra sin igual de la naturaleza, diseminado de coladas de lava y grutas, es el hábitat de una gran variedad de flora y fauna. Se puede subir en teleférico, y dejarse conquistar por el panorama más hermoso de Tenerife, que acanza hasta las islas vecinas.

Un salto en el tiempo a Taganana Point

La zona de Taganana, al norte de la isla, es un lugar mágico, donde las montañas se funden con el Atlántico y donde se percibe la potencia de la naturaleza. Pasear sobre la arena negra, con las rocas que emergen del mar azul como la noche, la montaña imponente a la espalda y el espectacular marco de nubes, es como recorrer un viaje a los albores de la Tierra: inolvidable.

Diversión en Costa Adeje

Además de por sus playas tranquilas y protegidas del viento, la zona de Costa Adeje es ideal para divertirse y para probar las delicias de la cocina local. En el paseo marítimo, entre Playa del Duque y Playa de la Pinta, hay un sinfín de tiendas, locales y restaurantes de todo tipo donde degustar los platos de pescado fresco, el cerdo negro canario, los imprescindibles dulces de plátano y la miel de palma.

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