La península de Mani, en el Peloponeso meridional, es un lugar diferente a las islas más conocidas y visitadas de Grecia, un oasis de paz y relajación como hay pocos en Europa. Montañas que caen en picado sobre el mar, orgullosos pueblos de piedra, huellas de la gran historia, calas vírgenes, grutas marinas subterráneas y una atmósfera de otra época forjada con rocas, olivos, viento y un ritmo lento, lentísimo.

"Esta tierra ha permanecido inalterada en su sustancia, es la meta ideal para un viaje regenerador lejos del caos."

Fue Patrick Leigh Fermor, viajero y escritor inglés, quien descubrió Mani al mundo en 1958 con el libro Mani: viajes por el sur del Peloponeso. Pasados casi 60 años desde entonces, esta tierra ha permanecido prácticamente inalterada, y es la meta ideal para un viaje regenerador lejos del caos. Entre Kalamata y Nauplia, aquí tienes los lugares que no debes perderte de esta mágica península.

Kalamata: olivas y playas, para los amantes del relax

La ciudad de por sí no es memorable, pero aquí se comen las olivas más sabrosas del mundo, ideales para degustar entre restaurantes al lado del mar y olivares de las granjas de los alrededores. A 40 kilómetros de la ciudad está la playa de Voidokilia, un círculo perfectamente dibujado, abierto al oeste sobre el mar Jónico, un espectáculo de colores verdes y azulados verdaderamente emocionante.

Neápolis: bosque e inmersiones, para los amantes de la naturaleza

Situada en una bahía del “tercer dedo” de Laconia, Neápolis invita al relax. Así como los paseos: uno muy sugerente es al bosque fósil de Cabo Malea, una escenografía lunar de antiguas palmeras petrificadas detrás del mar. Otro paseo imperdible está en la isla de Elafonissos, allí puedes nadar y sumergirte en un agua turquesa como la del Caribe en Simos Beach.

Monemvasía: vino y cultura, para los más golosos y curiosos

Tierra de guerreros antiguos y de pescadores, se asoma al mar de una pequeña península lejana a todo, donde destacan el Teatro Epidauro y la iglesia ortodoxa de Hagia Sophia, en picado sobre el mar. También se conoce como Malvasía, porque aquí nació el famoso vino dulce que se exportaba a todo el mundo. Saborearlo en una taberna con vistas al mar, junto a un típico pulpo a la brasa o a unas cebollas caramelizadas es un placer como hay pocos.

Nafplio: mito y orgullo, para quien quiera darse un baño de historia

Los habitantes del Peloponeso se consideran descendientes de los Espartanos y se enorgullecen de no haber tenido nunca conquistadores en sus tierras. Nafplio (o Nauplia), fundada según la mitología por el hijo del dios Poseidón, está dominada por la Fortaleza de Palamidi, símbolo del “orgullo lacón”. Los más valientes pueden subir los 1000 escalones que llevan a la cima, desde la cual se disfruta de un panorama maravilloso sobre el mar transparente y sobre la ciudad. El perfume de pita gyros, (deliciosa comida callejera a base de carne, verdura y tzatziki), perfecto para una pausa rápida en uno de los característicos locales al aire libre, se difunde entre los colores típicos de Grecia: el blanco de las paredes y el magenta fuerte de las flores de buganvilia. Las estrechas calles peatonales, tan fascinantes de día como iluminadas por la noche, están repletas de tiendecillas de artesanía local, entre las que podrás elegir tal vez un par de sandalias de cuero hechas a mano para llevarte como recuerdo de unas vacaciones magníficas.

Credits photos: Mondadori Portfolio/Age Fotostock

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