Según la leyenda, Madeira y sus hermanas son lo que queda del mítico reino de Atlantis, un detalle folclórico que aporta ulterior encanto a una tierra ya excepcionalmente llena de puntos de interés. La isla de Madeira es en efecto una de las metas turísticas más populares del Océano Atlántico. Surge a algo más de 500 quilómetros al noroeste de la costa africana y forma parte del homónimo archipiélago de origen volcánico, que incluye la isla mayor (Porto Santo) y cinco islas menores deshabitadas (las dos Islas Salvajes y las tres Islas Desertas), todas sometidas a la soberanía de Portugal.

"El centro neurálgico de Madeira es la capital Funchal, repleta de casas coloniales y situada en un anfiteatro natural que abraza mar, montañas y cimas volcánicas. "

De la leyenda a la Historia: el archipiélago lo descubrieron los portugueses João Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira en el 1419, cuando huyendo de una tormenta encontraron refugio en este oasis exuberante, que hasta entonces habían visitado sólo los fenicios. Las bosques incontaminados representan todavía en la actualidad una de las principales características de la isla, una perla natural en la que relax en la playa, cultura y buena cocina van de la mano con las excursiones en la montaña.

Naturaleza espectacular

Madeira es la isla de los colores: el verde sin fin de Laurisilva, el “bosque de laureles” proclamado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y las tonalidades encendidas de las flores tropicales que, gracias a un clima de perenne primavera, llenan los numerosos parques y jardines. Una visita imprescindible, concretamente, es el inmenso Jardim Botânico, situado en Quinta do Bom Sucesso. Sin embargo, algunos de los escenarios más sorprendentes se pueden apreciar donde la vegetación deja espacio a las rocas: por ejemplo en Cabo Girão, con sus paredes de 589 metros con vistas al mar, donde una terraza de suelo transparente permite contemplar las olas desde arriba y probar emociones fuertes. O bien en Porto Moniz, en el noroeste de la isla, donde es posible reflejarse en las piscinas de agua cristalina nacidas de la solidificación de la lava.

Paseos a pie y playas

Los amantes del trekking tienen a su disposición muchos senderos en los cuales poder apreciar explosiones de verde combinadas con el azul del mar: del fácil recorrido que lleva a la característica localidad de Jardim do Mar, a la que se llega sólo a pie, a la caminada que conduce al extraordinario mirador con vistas al mar de Ponta de SãoLourenço. Los más entrenados en cambio encontrarán pan para sus dientes en la excursión que va de Pico do Arieiro (1818 metros) a Pico Ruivo (1861 metros), un recorrido complicado, pero seguro y bien señalado. Las playas de guijarros o arena negra que se encuentra diseminada por Madeira ofrecen un espléndido escenario para un baño en el mar turquesa, y son el punto de salida para otras actividades acuáticas, como las salidas en barco para observar delfines y ballenas. Quienes buscan una meta más clásica y adecuada para las familias pueden coger en cambio el ferry hasta Porto Santo, donde encontrarán una playa de 10 quilómetros de fina arena blanca, formada por sedimentos de carbonato de conchas de coral y erizos de mar, que según la tradición goza de propiedades terapéuticas, como la capacidad de aliviar los dolores reumáticos y acelerar la recuperación total de las fracturas óseas.

Una visita a la ciudad

El centro neurálgico de Madeira es la capital Funchal, repleta de casas coloniales y situada en un anfiteatro natural que abraza mar, montañas y cimas volcánicas. El laberinto de subidas y bajadas y estrechas calles lleva a algunas etapas irrenunciables: la Catedral (Sé do Funchal), el pintoresco Mercado dos Lavradores de Santa Mari y el Parque de Santa Catarina, con las impresionantes vistas sobre el puerto. Es muy singular el paseo en teleférico hasta el barrio de Monte, desde el cual es posible volver luego hasta el centro de la ciudad con los carros de cesta, una especie de trineos de mimbre tirados con cuerdas por dos o más hombres.

Museo CR7

Habiendo dado a luz a la estrella de fútbol Cristiano Ronaldo, Funchal lo celebra dedicándole un museo (Princesa dona Amelia ,10), mediante la exposición de trofeos, medallas y otras reliquias. Desde la capital sale además una red de transporte que cubre toda la isla permitiendo alcanzar otras sugestivas localidades, como por ejemplo Santana, un pequeño pueblo famoso por sus casitas triangulares de piedra con el techo de paja.

Sabores tradicionales

No es posible visitar esta isla sin saborear sus especialidades gastronómicas, entre las que destaca el vino de licor llamado precisamente Madeira, que se toma como aperitivo o combinado con dulces (sobre todo con los rebuçados de funcho, los dulces con hinojo). Los puntos fuertes de la cocina son el pescado (bacalao, atún y pez espada) y la carne de buey, especialmente en broquetas, que se acompaña con una rebanada caliente de bolo do caco, el pan relleno con mantequilla con aroma de ajo. Se pueden encontrar óptimos restaurantes en Funchal, tanto en el antiguo barrio de los pescadores, como por ejemplo el Frutaria Cida de Velha (Rua de Santa Maria, 67), como entre las calles del centro histórico; se recomienda el Armazém do Sal (Rua da Alfandega, 135). Sin embargo, si se pregunta a un habitante de Madeira cuál es el producto príncipe del lugar, la respuesta será sólo una: el plátano. Los cultivos se encuentran casi por todas partes y dan vida a platos típicos como el pez espada con plátano o los plátanos al Madeira, un postre gustoso que se obtiene cociéndolos con mantequilla, vino y azúcar.

Credits photo: AGE/MONDADORI PORTFOLIO