No sólo es la cuarta isla más grande del mundo, Madagascar es también un paraíso natural de récord: protegido por 19 parques nacionales, 21 reservas especiales y 5 reservas integrales donde vive el 5% de las especies animales y vegetales de todo el globo. Esta ex colonia francesa independiente desde 1690, tierra africana con influencias malayas e indias, tiene una población con una alegría y una flema contagiosas y alberga en su territorio exuberantes selvas tropicales, una inmensa variedad de flora y fauna, macizos volcánicos y playas vírgenes. Un viaje a Madagascar es una experiencia única que fortalece al cuerpo y al espíritu.

"La localidad marítima más famosa es Nosy Be, una pequeña isla en la costa noroeste. Sus playas blancas y su vegetación lujuriante cerca del mar hacen de ella una meca para los turistas y los submarinistas."

Un paraíso natural

Con sus numerosos parques naturales, desde las reservas de Tsingy de Bemaraha y Lokobe pasando por los macizos volcánicos del parque nacional de la Montaña de Ámbar, la isla ofrece la oportunidad de visitar ambientes naturales diferentes entre ellos y diferentes también de los típicos panoramas exóticos presentes en el imaginario colectivo. Por esta razón, no hay que perderse el camino de los baobabs, la Route nationale 8, una pista de tierra batida que va desde Morondava hasta Bekopaka y a cuyos lados se erigen ejemplares seculares de estos imponentes árboles. Una curiosidad: alrededor del 80% de la flora y de la fauna de la isla (entre los que se encuentran todas las especies de lémures del mundo y dos tercios de las del camaleón) es endémico, es decir, exclusivamente del territorio de Madagascar. Esta característica es una consecuencia del aislamiento de la isla africana del continente que empezó hace 140 millones de años, cuando Madagascar se separó del supercontinente de Gondwana, dejando África al oeste y la India al este.

El mar y las playas

La localidad marítima más famosa es Nosy Be, una pequeña isla en la costa noroeste. Sus playas blancas y su vegetación lujuriante cerca del mar hacen de ella una meca para los turistas y los submarinistas que exploran el fondo marino de los alrededores habitado por miles de especies de peces y de corales. La isla de Sainte Marie, en el noreste, en cambio, es famosa por sus orquídeas y por las ballenas jorobadas o yubartas que hacen parada en ella para reproducirse. Desde la localidad de Pointe des Cocotiers se puede bucear rodeados de los maravillosos colores del arrecife.

Carne y pescado: la gran variedad de la cocina

La cocina de Madagascar es muy especial, rica y variada como su flora y su fauna y va desde el pescado a la carne de cebú, cerdo y cabra, en la gastronomía del interior. De una región a otra cambia mucho la forma de preparación. A menudo los ingredientes se cocinan en la leche de coco y se enriquecen con especies como el clavo, la guindilla y la vainilla. En la mesa no falta nunca el arroz, que se cultiva por toda la isla. A lo largo de la costa se pueden comer langostas (en Fort- Dauphin y Nosy Be), cangrejos y gambas (Madagascar occidental y septentrional), pescado y anguila (parte oriental de la isla). El plato nacional es el romazava, una especie de salsa a base de cebù o novillo cocido con especias, tomate, guindilla y hojas de brède mafane (típica planta aromática local, conocida también como “hierba de los dientes”), acompañado de arroz blanco. ¿Un consejo para una noche local al 100%? Cenad al aire libre mientras disfrutáis de un espectáculo de hira gasy, una mezcla de danza, teatro y música tradicional con raíces muy antiguas y profundas, inventado por el grupo tribal Merina que vive en las tierras altas de Madagascar.

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