No mucha gente sabe que Lisboa es una de las ciudades más antiguas de Europa; de hecho los primeros asentamientos se remontan al neolítico. Una ciudad romántica para descubrir desde un punto de vista único. Vamos a encender motores y ¡zarpamos!
Además de ser una ciudad encantadora, Lisboa ofrece la posibilidad de visitar dos localidades fascinantes como Sintra y Queluz

Una visita a las tradiciones

Los símbolos de la capital de Portugal son los tranvías que unen las siete colinas de la ciudad. Son auténticos iconos que vale la pena ver. ¿Te apetece subirte a uno con nosotros? Veremos los barrios más característicos del casco antiguo desde un tranvía de madera y tendrás una visión completa de los rincones más bonitos, entre iglesias, monasterios y zonas verdes. También probarás el dulce típico local: el pastel de nata, preparado con hojaldre y huevos.

Música y monumentos

Paseando por el centro, la banda sonora que escucharás de fondo será la del fado, una música muy íntima que nació en el siglo XVIII. Solo se necesita una voz, guitarra y mucho sentimiento. Si levantas la vista descubrirás Praça da Figueira y el Rossio, el corazón de la ciudad, desde donde parten todas las calles principales. Muévete por los callejones del corazón de la Alfama, el barrio más antiguo de la ciudad y escoge una “Casa del fado”, están en cualquier rincón para combinar los platos típicos en una atmósfera única.

El barrio Baixa, en cambio, logra aunar tradición y modernidad, silencio y alma de fiesta. Con el funicular llegarás al Bairro Alto, para caminar hasta el mirador desde el que puedes contemplar toda la ciudad y los característicos techos de tejas. Un momento romántico que se puede inmortalizar con una foto al atardecer.

Dos joyas fuera de la ciudad

Lisboa es el punto central ideal para aventurarse hacia las otras maravillas de Portugal, empezando por Sintra y Queluz, dos ciudades salidas de un cuento de hadas. La primera tuvo como huésped de excepción a Lord Byron, quien la definió como “un Edén en la Tierra”. La visita al Palácio da Pena te transporta a un cuento de hadas; el edificio consigue mezclar de la manera más fantasiosa colores y estilos, del árabe al barroco, del renacimiento al manuelino.

En cambio, en Queluz descubrirás el Palacio Nacional, de estilo rococó. La “Versailles portuguesa” se ha transformado en un museo, pero el edificio, con sus amplios y elegantes salones sigue usándose para recepciones oficiales.

Lisboa será un sinfin de emociones y perspectivas para vivir todas a la vez.

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