Vista desde el mar, con sus imponentes baluartes, el Fuerte de San Telmo y las varias tonalidades del color ocre de los edificios, La Valeta se presenta en todo su noble esplendor. Walter Scott la definía como una “ciudad construida por gentilhombres y para gentilhombres”. Es una pequeña perla engastada entre las dos bahías que forman su puerto natural: menos de siete mil habitantes, pero un pasado glorioso; un presente de Patrimonio Unesco y un futuro inminente de capital internacional. Gracias a sus bellezas artísticas y a su animada vida cultural, en 2018 La Valeta será Capital Europea de la Cultura (junto a Leeuwarden, en los Países Bajos). Vamos a descubrir por qué.

"El centro histórico de la Ciudad más Humilde (así se la conoce) tiene una planta octogonal y un fascinante corazón barroco. "

Entre caballeros y piratas

Visitar La Valeta es como dar un salto de cuatro siglos hacia atrás en el tiempo, a la época marcada por el fin del Renacimiento y el inicio del Barroco. Surgió de la nada en 1566, de allí donde antes había solo rocas y dos ensenadas divididas por el monte Sciberras; en esta lengua de tierra se detuvieron los Caballeros de la Orden Hospitalaria en su fuga de Rodas, que en 15 años levantaron fortificaciones contra las incursiones de los piratas otomanos y eligieron como nombre para su nuevo hogar el de su Gran Maestro, Jean de la Valette.

Un corazón barroco

Hoy como ayer, encerrado entre las murallas, el centro histórico de la Ciudad más Humilde (así se la conoce) tiene una planta octogonal y un fascinante corazón barroco. Los edificios más evocadores son dos y son una visita indispensable durante vuestra visita con el crucero: el palacio del Gran Maestre, hoy sede del parlamento, y la Concatedral de San Juan. Su Oratorio custodia dos obras maestras de Caravaggio: San Jerónimo escribiendo y, especialmente, La decapitación de San Juan Bautista. La Santa Enfermería (ex hospital de los Caballeros) y el Fuerte de San Telmo contribuyen a la fascinación de la ciudad, y junto a otros lugares, serán la sede de los eventos culturales que se celebrarán durante todo el 2018.

La cultura por las calles y en la mesa

El centro de La Valeta es una especie de animado museo al aire libre con sus luminosas plazas, las fuentes, las antiguas cafeterías, las callejuelas a las que se asoman los edificios barrocos (el Albergue de Castilla, el de Provenza, el de Italia, el Palacio de Ferreira o la Casa Rocca Piccola). También son imprescindibles los Jardines superiores de Barrakka, que podréis descubrir durante una de las excursiones Costa, hasta los cuales es posible llegar con el ascensor panorámico que sale de Lascaris Wharf y que permite disfrutar de unas sugestivas vistas sobre la ciudad. Si queréis una pausa gastronómica podéis dirigiros a Waterfront, el antiguo mercado marinero recalificado y convertido en un centro de diversión y de cocina, donde probar la aljotta (sopa de pescado con ajo) y los pastizzi, la comida nacional: pequeños hojaldres rellenos de requesón o guisantes.

En busca de las mejores playas

En Malta es posible vivir pequeñas aventuras, escogiendo del menú de Costa Tours las excursiones en todoterreno hacia algunas playas a las que es imposible llegar con otros medios. Por ejemplo, Golden Bay, una ensenada encantadora en la zona noroeste, con sus aguas cristalinas rodeadas de una perfumada vegetación mediterránea. Y otras dos playas cercanas a la primera son: Ghajn Tuffieha, con una colina repleta de chumberas que se asoma a una piscina natural azul (para disfrutar de relax absoluto y bucear) y Gnejna, una bahía de aguas poco profundas y una atmósfera casi lunar por las rocas que la rodean.

Credits foto: AGE/MONDADORI PORTFOLIO

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