Los Emiratos Árabes y Omán son un espectáculo de contrastes que se revela incluso en los materiales de los que están compuestas sus maravillas. Encontraréis millones de granos de arena finos e impalpables que forman dunas suaves, surtidores de agua que manan de fuentes escenográficas, piedra dura que resplandece al sol y defiende, acero que forja el moderno perfil de las ciudades y oro que deslumbra en sus zocos: ¿listos para tocarlos con vuestras propias manos en el próximo crucero?

"La historia de estas tierras está también esculpida en la piedra: materia plasmada por el hombre para defenderse y resguardarse, o material precioso con el que construir lujosos palacios que custodian el recuerdo de las vivencias de otros tiempos."

TODAS LAS FORMAS DEL AGUA

Agua para navegar, agua para admirar, ¿cuántas formas tiene el agua? En los Emiratos Árabes muchísimas y todas ellas muy emocionantes. Empezando por las escenográficas fuentes de Dubái, que suben por el cielo hasta 140 metros de altura y se convierten en obras artísticas y de ingeniería. Sí, porque las fuentes en el lago artificial que está frente al Dubai Mall, el centro comercial con más tiendas del mundo (¡1200!), se iluminan de todos los colores, danzan en el cielo y su música sorprende a quien se para a observar; son un verdadero símbolo de la ostentación árabe. Pero al hablar de agua también pensamos en el agua salada y azul, canalizada alrededor de la ciudad de Dubái, que permite una navegación tranquila a bordo de una abra, la embarcación típica de madera que se puede tomar como un “taxi acuático” para admirar los rascacielos desde una perspectiva diferente. Y también están las de Omán, más salvajes, con todos los tonos de verdes y azules: la península de Musandam y una sucesión de bahías y ensenadas entre paredes de roca escarpadísimas, un fiordo sobre el que se asoman pequeñas villas de montaña. Aquí, el panorama está hecho de luz y de silencio, para admirarlo deslizándose a bordo de un dhow (una especie de velero local) mientras saboreáis un café árabe, con su clásico aroma de cardamomo.

ARENA, DEL DESIERTO A LAS PLAYAS

Las del desierto de Al Khatem son dunas arenosas muy altas que alcanzan los 300 metros y cambian continuamente de forma a causa del viento que las modela día tras día. La arena de los territorios que rodean Dubái, Abu Dhabi y Mascate es una aventura que hay que probar en un todoterreno, lanzados a toda velocidad, casi volando, o con la calma y la tranquilidad de un suave paseo a lomos de un dromedario. Los colores que te rodean entonces varían del rojo, al naranja, al amarillo y te envuelven en un paisaje que parece un cuadro. Y cuando el sol se pone, las dunas se convierten en un perfil que se recorta contra el cielo: deteneos en un complejo turístico para ver la noche más estrellada que os podáis imaginar. Pero la arena en este soleado rincón del mundo, es también la de sus largas playas y la de las islas tranquilas que están alrededor de Abu Dhabi, como la de Al Maya, una de las doscientas que es fácil alcanzar a pocos minutos de la ciudad. Hundid los pies en su cálida suavidad, sentid lo fina que es, ¡casi impalpable! ¿Habéis notado las extrañas huellas que hay a vuestro alrededor? Son de las gacelas que viven en la isla y que adoran asomarse a la orilla del mar para relajarse.

PIEDRA, ARCILLA, MÁRMOL

La historia de estas tierras está también esculpida en la piedra: materia plasmada por el hombre para defenderse y resguardarse, o material precioso con el que construir lujosos palacios que custodian el recuerdo de las vivencias de otros tiempos. En Omán se encuentran los fuertes de defensa más hermosos, fabricados de piedra y arcilla, de paredes lisas de color ocre, que esconden secretos y riquezas, como el fuerte de Jabrin en el área de Nizwa, al que se llega por mar desde Mascate. En su interior, hay magníficos frescos pintados en la piedra con escenas de vida árabe, escondidos a los ojos de los conquistadores, que en varias ocasiones intentaron expugnarlo. De la piedra “pobre” pasaréis en breve a los mármoles suntuosos llevados a los Emiratos desde Macedonia, India e Italia, que fascinan ya desde el exterior de la Gran Mezquita Sheikh Zayed, en Abu Dhabi. Una obra tan increíble —conocida por sus récords, desde la lámpara más grande del mundo en el interior de una mezquita (10 metros de ancho y 15 de altura) hasta la alfombra realizada a mano por 1200 artesanos, de 35 toneladas de peso— que vale la pena dedicarle tiempo a la visita y esperar allí hasta el atardecer y la llegada de la noche, cuando el sol se refleja en sus paredes y el color blando refleja una extraordinaria luz roja. Es posible quedarse en la mezquita hasta las 22 h y descubrir de qué manera se ha estudiado la luz para que “se enciendan” los mármoles aprovechando las fases de la luna.

EL METAL EN VARIAS DIMENSIONES

Hay dos metales que sorprenden más que otros por cómo el hombre, en los Emiratos, ha sabido forjarlos: son el acero de sus rascacielos y de sus enormes obras de ingeniería y el oro de las pequeñas elaboraciones preciosas. Para admirar el resplandeciente perfil metálico de Dubái, subid a The Frame, un “marco” de cristal y acero de 150 m de alto desde donde contemplar como en un cuadro el perfil de la ciudad (tranquilos, ¡se llega arriba en ascensor!). En el horizonte aparecerán edificios famosos, entre los que se cuentan el rascacielos de los récords, el Burj Khalifa: 330 mil toneladas de acero para 160 pisos. En cambio, en Abu Dhabi, dejaos encantar por el nuevo museo del Louvre, que abrió el pasado mes de enero: pasead bajo su enorme cúpula, en la que el acero dibuja perfiles de hojas de palmera y deja pasar los rayos del sol con un sorprendente efecto de “lluvia de luz”. Y las tonalidades doradas os esperan en Dubái, en el zoco del barrio de Deira, llamado “el zoco del oro”. Recorriendo sus callejas, veréis el precioso metal dominar cada escaparate, en un desfile continuo de joyas de todas las formas y con piedras únicas engarzadas. Tampoco aquí faltan las estructuras grandiosas: no os olvidéis de tomar una foto a la estrella de Taiba, un enorme anillo de oro de exposición, con 40 centímetros de diámetro y 60 kilos de peso. Mientras que en Abu Dhabi podéis dedicaros una experiencia de verdaderos jeques: pedid un cappuccino en el Emirates Palace Hotel, os lo servirán rociado de virutas de oro de 24 quilates. En el hotel hay incluso un distribuidor automático de lingotes, símbolo del increíble lujo de estas tierras.

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