En los últimos diez años Kotor está emergiendo como meta turística internacional, gracias a su posición única escondida al final del fiordo más grande del Mediterráneo. Fundada en época romana, dominada por los venecianos (que la bautizaron Cattaro) durante 400 años, y luego por los austriacos, Kotor es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, así como un lugar de sugestiones únicas en el mundo.

"El hecho de estar encerrada en una fortaleza la hace única arquitectónicamente, además la ha conservado en el tiempo: circular por sus calles es un salto al pasado medieval y veneciano de la ciudad"

Lo ideal es llegar hasta allí en barco, para después visitar la ciudad antigua y los alrededores, que transmiten una atmósfera muy particular, como si todos los puntos cardinales convergieran aquí: panoramas de Escandinavia, calor típico de Europa meridional y tradiciones en las que este y oeste conviven cordialmente bajo la insignia del relax y la alegría de vivir. Te presentamos tres experiencias que no debes perderte y que se pueden hacer en pocas horas.

Un paseo entre la muralla

Stari Grad, la Kotor antigua, aparece al final del fiordo como una ciudad rodeada de montañas y a la orilla del lago (las aguas que la rodean son las de un lago salado). El hecho de estar encerrada en una fortaleza la hace única arquitectónicamente, además la ha conservado en el tiempo: circular por sus calles es un salto al pasado medieval y veneciano de la ciudad. Siendo poco más que una pequeña ciudad, Kotor se recorre a pie, de arriba a abajo entre callejones laberínticos. Merecen una parada la catedral de San Trifón y las plazas centrales. Y los que tengan las piernas bien entrenadas, pueden subir hasta el Castillo de San Juan, que ofrece una vista de la bahía que deja boquiabiertos.

Una tarde en la playa

El fiordo de Kotor está diseminado de playas de género diverso (arena, rocas, piedras), todas unidas por el agua cristalina. Las mejores en las que pasar unas horas son Bojova Kula, Bigovo (ante una gran roca escenográfica), Trstena (de aguas particularmente destelleantes) y Morinj, en una zona salpicada de antiguos molinos, ahora transformados en restaurantes.

La orilla del lago por el norte

La carretera que desde el centro de la ciudad sube hacia el norte está llena de curvas y escorzos de fiordo que van cambiando. Se merecen una etapa el borgo antiguo de Perast, con dos pequeñas islas delante, y Risan, pueblecito marinero de orígenes romanos a 17 kilómetros de Kotor, que impresiona por los edificios de piedra gris y tejados rojos.

Una cena en el fiordo

Tras la visita al mercado local a lo largo de la muralla, un caótico batiburrillo balcánico de pescado, fruta y verdura, vale la pena entregarse a la cocina local. Ya sea porque es una mezcla de tradiciones romanas, venecianas, dálmatas y montenegrinas, ya sea porque los restaurantes con terraza sobre el mar, o los que están escondidos en el dédalo del centro, son pequeños oasis de relax. Imprescindible probar la sopa de mejillones, calamares a la brasa, pulpo y pescado fresco acompañados de vino blanco local.