Mil caras, dos continentes, tres imperios y la capacidad de dejarte sin aliento. Cientos de edificios, iglesias y mercados, colores, perfumes y folclore: descubre con nosotros esa Estambul que se deja atrapar en una foto.
El ambiente del Bósforo, las majestuosas mezquitas y los mercados llenos de vida: muchos mundos en una sola ciudad

La magia del Bósforo

¿Por qué no empezar a visitar Estambul en una excursión por el Bósforo, rodeados de rincones fascinantes, edificios majestuosos y una historia milenaria? En las orillas del estrecho surgen tesoros del siglo XIX como el Palacio de Dolmabahçe y el Palacio de Beylerbeyi. Un viaje lleno de contraste y de colores: en el punto en que el canal se estrecha, verás dos fortalezas otomanas, la fortaleza de Europa de Rumeli Hisari y la de Asia, de Anadolu Hisari.

Mezquitas y edificios

La mezquita Azul no necesita presentación: su interior con veinte mil azulejos de cerámica de Iznik, entre los que destacan el azul y el rojo, el blanco y el negro, es una verdadera leyenda. Desde el exterior, los minaretes y cúpulas te conquistarán.  La Mezquita de Rüstem Paşha, con su estilo áulico, es un ejemplo de arquitectura otomana del periodo clásico: un edificio completamente cubierto de exquisitas mayólicas de colores. Otro de los símbolos es el Palacio Topkapi, que durante cuatro siglos fue residencia y sede del gobierno de los sultanes otomanos y que ahora es un museo. Se asoma al Bósforo y regala una vista fantástica sobre el Mar de Mármara y el Cuerno de Oro. Ante semejante panorama, lo mejor es guardar silencio y disfrutar.

Una experiencia sensorial

Estambul regala también una experiencia sensorial gracias al Gran Bazar, un laberinto de calles donde se alternan miles de tenderetes, colores y perfumes. Del Bazar de las especias llegan las fragancias más embriagadoras, una mezcla de pimienta negra, hojas de laurel, clavo, canela, cilantro y curry.  Es fácil pasar de las tradiciones del pasado gracias a una experiencia muy especial, bajando a la cisterna cubierta más grande que se conserva en Estambul: la Cisterna Basílica. Construida en época de Justiniano, se usaba como déposito de las aguas de la ciudad durante la época bizantina.

Estambul es una ciudad cuya belleza total se despliega ante la curiosidad del verdadero viajero.

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