Un grupo de ballenas azules que sacan agua en el horizonte, un fiordo acercándose, un pueblecito de pescadores rodeado de montañas nevadas, todo esto con el sol bien alto, a pesar de ser de noche. Es lo mínimo que se puede esperar de un viaje a Islandia, pero un crucero te permite adentrarte verdaderamente en esta tierra de pura magia, donde las maravillas están a la orden del día y donde la naturaleza (y no el hombre) diseña los monumentos nacionales. Del sol de medianoche y los silencios surreales hasta la erupción de un géiser, viajar aquí es como entrar en una serie ambientada en espacios ilimitados, donde dominan los giros dramáticos y que te acerca a los secretos del cosmos.

"Una coreografía geométrica de belleza deslumbrante: es el espectáculo que se puede admirar en esta laguna al sud oeste del país, donde los icebergs flotan en solitario tras separarse del glaciar Breiðamerkurjökull. "

El Círculo Dorado, una película sobre la naturaleza salvaje

La ruta más amada por los islandeses (300 km, desde Reykjavik hasta los altiplanos del sur) es la suma de toda la naturaleza salvaje más extraordinaria de esta tierra. La mejor manera de grabarla en la mente es sobrevolarla en helicóptero, un viaje verdaderamente especial, tan excitante como una película, que podrás disfrutar con una de las excursiones Costa Tours. Las cascadas de Gullfoss crean un escenario donde entran en escena dos saltos de agua en medio de un deslumbrante juego de luces. Los géiser son otro símbolo de la naturaleza extrema de Islandia: en los valles de Haukadalur hay unos cuantos, entre los que se cuenta el de Strokkur (que erupciona cada 4 a 8 minutos) y el famosísimo Geysir, tan antiguo que da el nombre a este fenómeno natural; asistir a una de sus “explosiones” es impresionante, tan simple como la más pura emoción primordial. Otra visita obligada del Círculo Dorado es el parque nacional de Thingvellir, una llanura donde se encuentran dos placas continentales (norteamericana y eurasiática): para observar el punto donde coinciden hay que sumergirse en la grieta de Silfra, en el lago Thingvallavath, donde el agua es tan transparente que tiene una visibilidad de hasta 100 metros.

Laguna de Jökulsárlón, un ballet sublime

Una coreografía geométrica de belleza deslumbrante: es el espectáculo que se puede admirar en esta laguna al sud oeste del país, donde los icebergs flotan en solitario tras separarse del glaciar Breiðamerkurjökull. En su lenta carrera hacia el mar vagan chocando entre ellos en una escena que se escapa a cualquier espectáculo imaginado: en las aguas se cruzan bloques de hielo de inesperados tonos cromáticos como azul, amarillo y negro, coloreados por los sedimentos de las rocas que los rodean.

Akureyri, la Islandia más pura

A pocos metros del Círculo polar ártico, al fondo del fiordo más profundo de la isla (Eyjafjörður), surge la “capital del norte”, una acogedora ciudad portuaria donde las tradiciones y el folclore se viven más intensamente que en la verdadera capital. El panorama que la rodea es encantador, con montes blancos que descienden hasta rozar el mar; pero Akureyri sabe conquistar a sus visitantes gracias a su vitalidad y a sus excelentes restaurantes. Con su posición estratégica es además el punto de salida ideal para aventurarse al descubrimiento de las maravillas del interior (por ejemplo, las arquitecturas lávicas de Dimmuborgir) y para zarpar hacia el océano, donde admirar el espectáculo que ofrecen las ballenas, orcas y delfines.

Goðafoss, la potencia misteriosa de la naturaleza

En el punto donde el río Skjálfandafljót se precipita desde un escalón de roca de 12 metros, se forma una fragorosa cortina de agua de 30 metros de ancho que se recorta como una aparición divina sobre un panorama desolado. La cascada de Goðafoss, en la parte septentrional de la isla, es un lugar muy sugestivo, alimentado por antiguas leyendas: desde hace siglos es llamada “cascada de los dioses”, y cuando la tienes ante los ojos entiendes enseguida el sentido de su nombre.

Laguna Azul, el “caluroso” monumento nacional

Imagina sumergirte en una piscina termal excavada en las negras rocas de lava, envuelto por el vapor que sube por el aire cortante, con el agua caliente y azul que te relaja y te depura… En Islandia, donde la realidad supera a la ficción, existe un lugar así: es Blaa lónið, la Laguna azul, el más célebre y espectacular balneario termal de la isla, situado en la península de Reykjanes, a pocos kilómetros de la capital. Un icono imperdible.

Bakkagerði, el reino de la fantasía

Una excursión perfecta para las familias es la que recorre la costa oriental de Islandia, que conduce a una tierra de leyendas, poblada por las criaturas míticas del folclore. La remota villa de Bakkagerði, un puñado de casas a la orilla del mar, surge a los pies de un promontorio llamado Alfaborg, donde, cuenta la leyenda, se esconde la ciudad del pueblo de los elfos Huldufólk, invisible a los ojos humanos. No demasiado lejos de la aldea está el pequeño puerto de Hafnarholmi, un punto ideal para admirar en su ambiente natural las colonias de petreles, gaviotas y de frailecillos de colores, el animal símbolo del país.

Credits foto: Shutterstock

1 of 8