Un pasado que discurre entre criaturas míticas, edificios mágicos y laberintos. Y un presente hecho de playas, rincones inolvidables y cuevas de toba. Una historia que también podría hablar de sus pasados venecianos, otómanos y árabes: Heraclión, la capital de la isla de Creta, es una ciudad llena de historia y anécdotas.
Con su origen mitológico, su pasado y su presente de vibrante ciudad, no hay duda de que Heraclión sabrá cómo despertar vuestra curiosidad.

El ayuntamiento y las murallas italianas

La confusión es lícita. Pasear por Heraclión es un poco como pasear por Venecia, tras viajar siglos atrás en el tiempo. Edificios, calles y monumentos son recuerdo y orgullo del dominio veneciano. De hecho, la ciudad es también conocida por su nombre italiano, Candia, en referencia al color blanco de las piedras con las que se construían las casas desde el siglo XVI. También las murallas de la ciudad son una obra de ingeniería firmada por el arquitecto veneciano Michele Sanmicheli, hace más de 500 años. De la misma época es el puerto, dominado por la fortaleza de Koule, el “castillo sobre el mar”, un baluarte para defender la ciudad de los ataques enemigos. Aún hoy es visitable y desde lo alto de sus torres se disfruta de unas maravillosas vistas sobre la ciudad y el puerto. Otra verdadera joya es el ayuntamiento, uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura veneciana: la “Loggia” fue diseñada por el arquitecto Francesco Morosini. Acercándose a la entrada, se pueden ver los bajorrelieves que representan los leones de San Marco.

Minos, el Minotauro y el histórico licor

Heraclión es una ciudad llena de leyendas de esas que se aprenden en la escuela y ya no se olvidan. El viaje en el tiempo empieza en el Palacio de Cnosos, una de las áreas arqueológicas más importantes del mundo. La leyenda cuenta que aquí vivió el legendario Minos y que en este lugar fue recluido en un enmarañado laberinto el Minotauro, un ser feroz con el cuerpo de un hombre y la cabeza de un toro. Actualmente es posible pasear entre las ruinas de esta pequeña ciudadela construida por el pueblo minoico y admirar las obras maestras que realizaron. Es un área muy grande con capacidad para hasta 12 000 personas. Y en el Museo Arqueológico de Heraclión tenemos otra cita con la mitología: una colección de 15 000 restos arqueológicos entre cerámicas, estatuas y frescos.

Pero hay también una bebida típica que os permitirá dar un salto en la historia: el raki, un destilado blanco muy parecido a la grapa. Los primeros vestigios de esta especie de aguardiente se remontan a la Grecia antigua: el arte de producir el destilado (que en Creta se conoce también como “tsikoudia”), se ha transmitido de generación en generación.
Heraclión despertará vuestra curiosidad con su origen mitológico, su pasado y su presente, que hace de ella una ciudad vibrante y patria de la buena comida.