Vista desde arriba parece una mariposa sobre el océano. No es una casualidad por tanto que Guadalupe, la isla de las Antillas, se haya convertido en una meta de rara belleza, capaz de regalar relax, aventura y emociones inéditas. La naturaleza incontaminada de la zona interna hace de contraparte con las playas doradas, mientras el encuentro de la cultura francesa con la criolla da vida a una atmósfera y una gastronomía únicas.

"También el interior de Guadalupe, un mar ondulado de verde exuberante, es una fuente inagotable de emociones. "

Playas sorprendentes

Guadalupe se divide en dos islas principales, Grande-Terre y Basse-Terre, unidas por dos puentes que unen las dos orillas del estrecho canal de Rivière Salée. La atracción principal son las espléndidas playas de mar cristalino. La población local la llaman Karukera, “isla de las bonitas aguas”. Los amantes del relax pueden abandonarse al hechizo de playas pobladas de flamencos y diseminadas de altas palmas, como Bois Jolan y Anse du Souffleur, ambas en Grande-Terre y especialmente adecuadas también para quien desea practicar snorkeling. La Plage de Cluny, más salvaje y aislada, es en cambio una de las metas imperdibles de Basse-Terre; gracias a sus altas olas, es perfecta para quienes practican el surf.

Excursiones en la naturaleza

También el interior de Guadalupe, un mar ondulado de verde exuberante, es una fuente inagotable de emociones. La parte central de Basse-Terre alberga la primera reserva natural francesa de ultramar. Se trata de un maravilloso parque repleto de vida que incluye 17.000 hectáreas de bosque tropical y 4000 hectáreas de ambientes húmedos litorales y marinos, poblados por 816 especias de plantas, 33 de pájaros y 17 de mamíferos. Con una excursión que parte de la localidad Bains Jeunes se atraviesa la reserva hasta alcanzar las laderas del majestuoso volcán La Grande Soufrière, todavía activo, que con sus 1467 metros es el relieve más alto de las Pequeñas Antillas. Cuando se llega a la Découverte, la cumbre de la montaña, se disfruta de una vista impresionante que abraza todo el archipiélago. Merece también una visita la Cascade aux Ecrevisses, una cascada ubicada en el bosque. Dejarse masajear la espalda con sus chorros de agua es agradable y tonificante como un tratamiento en el spa. Es imprescindible la excursión en barco hasta las islas menores del archipiélago, Maria-Galante, La Desirade y Les Saintes, así como un paseo al Jardín de Deshaies, en Basse-Terre, un increíble parque tropical donde admirar los coloreados colibrís.

Una mezcla de culturas

Guadalupe está animada por un calidoscopio de culturas, de la francesa a la africana. Una variedad que se refleja por ejemplo en la música, parte fundamental de la vida de la isla y de celebraciones muy sentidas, como el vibrante Carnaval. La mezcla de tradiciones se encuentra también en la mesa, donde la cocina francesa se contamina con los ingredientes locales. Se recomienda probar las accras de morue (panqueques de bacalao), el poulet boucané (pollo marinado y cocido a la parrilla con azúcar de caña) y el sorbete de “guaiava”, un fruto local jugoso, que apaga la sed y posee muchos antioxidantes. Además del ron, por supuesto, la auténtica especialidad de la isla. Es posible beber por todas partes el ‘ti punch, una bebida típica a base de ron blanco, lima y azúcar de caña.

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