“El pulso del mundo” tal como la había definido el escritor William Burroughs: Tánger es una ciudad con un alma y una vocación multicultural y cosmopolita.

"En el Grand Socco se puede encontrar de todo: de los objetos de anticuariado a los de segunda mano y a los de la artesanía local, como las teteras incrustadas, las babuchas de colores - imperdibles para quienes buscan productos y objetos típicos. "

Tánger, ciudad multicultural

Situada en el norte del estrecho de Gibraltar, fue ciudad fenicia, cartaginesa, romana, bizantina, árabe, portuguesa, española y británica. Actualmente es una ciudad caótica, muy poblada (más de un millón de habitantes), moderna y antigua al mismo tiempo, repleta de cultura e historia. Desde siempre su Medina ha representado una fuente de atracción para los artistas: han vivido en Tánger pintores como Eugène Delacroix y Henri Matisse, y escritores, además del ya citado Burroughs (que allí ambientó partes de su famosa novela El almuerzo desnudo) como Paul Bowles, Tennessee Williams y Jean Genet. La ciudad es famosa por sus muchos cafés, por las salas de baile y los casinos, además de por el Petit Socco y el Grand Socco.

El Grand Socco

El Grand Socco, que antiguamente era la sede del principal mercado del oro de Tánger (las joyerías que quedan son un testimonio de ello), alberga actualmente el mayor mercado permanente de la ciudad. La plaza en la que se encuentra se llama oficialmente Place du 9 avril 1947 (fecha en la que por primera vez el rey Mohammed V pronunció su apoyo a la causa de la independencia marroquina) y se llega a ella por la Rue as-Siaghin. Frontera entre la Medina, que se desarrolla alrededor del Petit Socco, y la Ville Nouvelle, se instituyó a partir de los años veinte del siglo pasado y las mejores jornadas para visitarlo son el jueves y el domingo.

Qué encontraremos

En el Grand Socco se puede encontrar de todo: de los objetos de anticuariado a los de segunda mano y a los de la artesanía local, como las teteras incrustadas, las babuchas de colores - imperdibles para quienes buscan productos y objetos típicos - tejidos, alfombras, bolsos y objetos de piel, ungüentos para el cuerpo, además de mostradores repletos de fruta, verdura y naturalmente especias de todos los tipos. Antes de pasar a las compras, es mejor pasear por todo el mercado. Los diversos tipos de productos se agrupan casi todos en una misma zona y esto es muy útil como punto de referencia para orientarse. Los habitantes de Tánger son muy amables y sociables; como para todos los pueblos árabes y africanos, la contratación del precio es un arte y por ello cada objeto o alimento en venta es siempre objeto de una dinámica discusión sobre el precio. No se deje asustar por los tonos y contrate, el acuerdo se cierra enseguida con una sonrisa y un apretón de manos.

Motivos para no perderlo

Es necesario olvidarse del sentido y de la dirección, la visita al Grand Socco, más allá de los productos que podrá encontrar, se convierte en una experiencia de pérdida espacial y temporal en un aparente caos de ruido, voces, colores y olores; un lugar en el que todo encaja, con naturalidad, y ofrece un poco de la vida cotidiana autóctona. Sugerimos sumergirse en el enjambre de taxistas de la entrada, que contratan su propia tarifa, entre los habitantes que vienen aquí a comprar o a sentarse en uno de los muchos cafés, entre los mercantes, las campesinas bereberes con sus coloreados vestidos tradicionales, los artesanos y los turistas. Y vagar en el complicado laberinto de calles estrechas para descubrir otros “tesoros” arquitectónicos ocultos. Es posible visitar, por ejemplo, los estupendos jardines de Mendoubia, justo al lado de la plaza, donde admirar el legendario árbol de banyan, cuyo nombre deriva del término banya que significa “comerciante”, y que parece ser tiene ya 800 años. O bien ir hasta el Cine Rif, que surge en la plaza circular, un lugar que es al mismo tiempo una sala de cine independiente, un café y un archivo. Aquí encontrará un poco de paz y tranquilidad antes de volver al caótico mercado. Por último, queda terminantemente prohibido dejar este lugar sin haber bebido un té a la menta, quizás en la terraza del café Chouruk, o saborear un licuado o un zumo de fruta muy fresco directamente en un tenderete. Al final del día, este paseo sin espacio y sin tiempo, pero repleto de atmósfera y compras perfectas, acaba pareciendo a todos una cosa completamente normal.

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