Otro planeta. La isla de Formentera ofrece una atmósfera serena y acogedora, parece casi que se ha hecho un salto en el tiempo, en las Baleares del pasado. Es un oasis de paz en el Mediterráneo, donde vivir unas vacaciones lejos del estrés pero sin renunciar a los placeres y a la diversión.

"Es suficiente aventurarse por la isla para encontrarse en medio del silencio y de una naturaleza todavía sin contaminar."

El espíritu de la década de los 60

El turismo descubrió Formentera a finales de la década de los sesenta, pero era un turismo particular: aquí llegaban hippies y artistas (como Bob Dylan y Janis Joplin) de viaje entre España y Marruecos, atraídos por la tranquilidad y por la naturaleza salvaje de la isla. Ha cambiado mucho desde entonces: los vip de paso son otros (actores, deportistas y magnates en yate), pero Formentera mantiene todavía su espíritu alternativo.

Naturaleza y diversión

Aunque Formentera ya no sea una meta secreta, al alejarse de los centros principales se descubre que no ha cambiado mucho. Es suficiente aventurarse por la isla para encontrarse en medio del silencio y de una naturaleza todavía sin contaminar, entre campos en barbecho, zonas de pinos y enebro y playas inmaculadas. También la vida social se basa en el relax, gracias a los pequeños bares en la playa y a los agradables locales y restaurantes para pasar la noche como en los pueblos de Es Pujols y Sant Ferran; aquí se encuentra el restaurante Fonda Pepe (en la calle Mayor, 1), un histórico punto de encuentro de los hippies de la década de los 60.

Playas para todos… y más todavía

Formentera dispone de 20 quilómetros de playas cándidas que se distribuyen a lo largo de un mar cristalino. Las más frecuentadas y equipadas son las de Es Pujols, Illetes y Llevant, al norte. Quienes prefieren en cambio mayor tranquilidad pueden desplazarse a Cala Sahona o ir hacia el sur hasta la playa de Migjorn, una tranquila maravilla de cinco quilómetros de longitud, más que suficientes para encontrar el propia remanso de paz. En Formentera existen además otras atracciones imperdibles: el paso de arena que lleva hasta la isla deshabitada de Espalmador, el faro La Mola con sus mágicos panoramas y las salinas con su emocionante color rosa. Merece una visita también el mercado hippie de artesanía, que se monta el miércoles y el domingo en El Pilar de la Mola.

La cocina

La tradición local se basa en las pocas materias primas que ofrece la isla: cereales, legumbres y sobre todo pescado. Son típicos el guisat de peix (un estofado de pescado, marisco y patatas) y el peix sec (pescado seco que se come en ensalada). Son excelentes también los dulces, entre los que destacan los bunyols, buñuelos con zumo de naranja. En Es Pujols, donde se concentra el mayor número de restaurantes, se recomienda el Casanita (calle Des Fonoll Marí 101), especializado en el pescado del día. Si lo que se busca es disfrutar de una experiencia gastronómica más familiar, se puede ir a Es Calo (calle Vicari Joan Mari 14, cerca de El Pilar de la Mola), donde se puede saborear la langosta cocinada de muchas formas distintas. Y antes de la cena, en Formentera se acostumbra a tomar un aperitivo en uno de los muchos chiringuitos que surgen en las playas (como por ejemplo El Pirata Bus, en Migjorn) y saludar la puesta de sol con un largo aplauso.

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