El que nos disponemos a emprender junto a vosotros, será un viaje a través de los sentidos, sobre todo el olfato y la vista. Recorreremos miles de kilómetros, guiados por el aroma de las flores, la belleza de los jardines y los colores de la naturaleza, que serán nuestros senderos. Cojamos aire y pongámonos en marcha.
De las flores rosas de Oia a los almendros de Mallorca, para llegar a los llamativos colores de Madeira: la magia nunca termina.

Madeira

La primera etapa de nuestro viaje es Portugal. Desembarcamos en Madeira, también llamada “la isla de los colores”. Aquí la naturaleza es una explosión de tonos: el inabarcable verde del bosque de laurisilva, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y los llamativos colores de las flores tropicales que, gracias a un clima de eterna primavera, florecen en muchos parques y jardines. Tampoco hay que perderse el inmenso Jardim Botânico, que está en Quinta do Bom Sucesso.

Arucas

La fantasía nos lleva a unos 12 kilómetros de Las Palmas, en el norte de Gran Canaria. Su encanto se debe a los jardines. En el de la Marquesa, por ejemplo, puedes descubrir más de 2500 flores tropicales y subtropicales. No por nada Arucas es conocida como “la ciudad de las flores”. El casco antiguo es famoso por sus espacios verdes. Es fácil perderse entre miles de palmeras, flores de Pascua y aves del paraíso regadas mediante un sistema de canales del siglo XIX.

Mallorca

Para los que desean seguir este itinerario marcado por las sorpresas, no puede faltar una escapada a la isla de Mallorca para asistir al espectáculo de los almendros en flor. El paisaje se vuelve muy romántico, atravesado de tonalidades de blanco y de rosa. Tendrás además la posibilidad de disfrutar de unos matices extra gracias a los naranjos en flor.

Oia

Seguimos nuestro viaje a través del aroma y los colores en Oia, en la isla de Santorini, Grecia. Este pueblo de encanto mágico se nutre de sol, mar, callejones que suben cuesta arriba, casas blancas, tiendas de gusto antiguo y, sobre todo, flores de color rosa. Una delicada presencia que está por todas partes: en paredes, balcones, tejados y plazas. Es la flor de la buganvilla, que regala sus maravillosas tonalidades, especialmente al atardecer.

Jardines encantados, flores que tiñen casas y plazas, árboles cimbreños que parecen detenidos en el tiempo. El encanto de la naturaleza siempre halla el modo de conquistarnos. Cerremos los ojos y sigámoslo donde quiera que nos lleve.