Tras haber admirado Dubrovnik desde el mar, una vez en tierra, será suficiente con un paseo a lo largo de los dos kilómetros de la muralla para tener una magnífica vista del Grad (la parte antigua de la ciudad) y entender por qué muchos llaman a esta ciudad “la perla del Adriático”. Es una bonita experiencia pasear entre tiendas y cafeterías, y encontrarse con joyas góticas y renacentistas como el Palacio del Rector, el Palacio Sponza y la espléndida Plaza de la Lonja. Un escenario encantador, sin duda, aunque también misterioso, porque Dubrovnik, como muchas ciudades balcánicas, tiene un alma escondida, misteriosa y oscura.

"Una visita a las estructuras históricas o un baño en su pequeño lago salado son motivos suficientes para adentrarse en el interior de Lokrum. "

El eco de antiguas batallas y el Santo protector

Las fortificaciones del puerto antiguo, especialmente la Roca, narran antiguas batallas y leyendas. Como la de San Blas, el protector de la ciudad. Según la tradición, se ganó el título de patrón tras impedir un ataque de los venecianos que trataron de saquear la ciudad fingiendo ser marineros hambrientos que habían perdido su ruta. El Santo los desenmascaró y los habitantes de Dubrovnik pudieron conservar las muchas reliquias y gemas que la ciudad protegía desde hacía siglos, una tentación irresistible para las grandes potencias y los aventureros.

La maldición de Lokrum

Cuando no hay santos para defenderla, se encargan los fantasmas, en especial los de la isla de Lokrum, situada frente a la península donde se asienta la ciudad. Aquí no hay ninguna construcción, a excepción de dos pequeños puertos, lo que queda del fuerte francés del siglo XIX que domina la isla y el antiguo monasterio benedictino. Una visita a las estructuras históricas o un baño en su pequeño lago salado son motivos suficientes para adentrarse en el interior de Lokrum. Pero cuando se pone el sol, hay que regresar a la tierra firme. Así lo exigen las reglas de la isla, que prohíben pernoctar allí, pero también lo manda la tradición local que dice que se puebla de los fantasmas de los monjes benedictinos. Toda esa inquietud espectral vendría de una injusticia que los benedictinos sufrieron por parte de los habitantes de la ciudad cuando los señoritos locales quisieron apoderarse de la isla. Los frailes fueron obligados a abandonar su monasterio y lanzaron una maldición: “Aquel que se aproveche de Lokrum para sus intereses personales será maldito”. La leyenda dice que quien ha intentado establecerse en la isla y explotarla para su propio beneficio ha muerto en misteriosas circunstancias. Pero no os preocupéis: en el crucero estaréis a salvo de cualquier maleficio y podréis disfrutar tranquilamente de la belleza y fascinación de una ciudad única.

Credits foto: Shutterstock