Palermo se está afianzando como una de las metas turísticas emergentes de Europa. En los últimos dos años el turismo ha aumentado considerablemente, con la ocupación hotelera de las localidades costeras limítrofes casi siempre al 100 %. La capital es el corazón de Sicilia, una antigua villa de hace 2700 años por la que han pasado poblaciones y culturas muy diversas: fenicios, griegos, romanos, bizantinos, árabes, normandos, aragoneses… y han dejado unas improntas que se han estratificado con el paso de los siglos formando una mezcla única de tradiciones. Además de las incomparables bellezas artísticas y arquitectónicas, Palermo se vive en la calle y el mar, en contacto con sus acogedoras gentes. Ahí van las tres sugerencias para captar la esencia de la ciudad, dedicadas a los que disfrutan perdiéndose entre las tradiciones del lugar, degustando los manjares locales o sencillamente a quienes quieren dejarse llevar por el encanto del mar.

"Imprescindible probar el helado en Palermo; sus habitantes lo consideran el mejor del mundo. Algunos afirman que fue inventado aquí por el cocinero Francesco Procopio dei Coltelli, que a finales del siglo XVII lo exportó a Francia."

Mercado DOC

Una de las mejores maneras de visitar la ciudad es perderse en los mercados del centro, una inmersión en el “caos creativo” típicamente mediterráneo. Los más famosos, la Vucciria y Ballarò están empezando a ser demasiado turísticos, pero podéis descubrir la auténtica Palermo en el Mercato del Capo. Allí acuden los palermitanos de la zona del Tribunal, un laberinto de puestos que revela las raíces árabes de la ciudad: especias expuestas con primor, pirámides de fruta, encantadores de clientes que abbanniano (gritan) apodos y bromas, alcaparras suculentas, atunes y pez espada por todas partes y la mejor fruta seca del mundo. No dejes de comprar un cucurucho de cardos fritos al momento.

Comida callejera

Probablemente la cocina siciliana sea la más variada y compleja de Italia, esto se debe en parte a la mezcla de tradiciones. Encontrarás las experiencias más fuertes en los pequeños locales populares del centro. La institución por excelencia es la Antica Focacceria San Francesco (via Paternostro, 58 y via Cavour, 133). Nacida en 1834 se ha convertido en un lugar gourmet con sucursales en otras ciudades italianas: aquí un chef de calle prepara a toda velocidad pani ca’ meusa (panecillo de sésamo con ricotta fresca y delicados filetes de bazo y pulmón), mientras que de la vieja cocina de hierro fundido salen fritos, arancini, pasta a la Norma y montañas de sfincione (una sabrosísima pizza con anchoas y sin mozzarella) de dimensiones impresionantes. Otro lugar “sagrado” es Franco u Vastiddaru (via Vittorio Emanuele, 102), uno de los mejores lugares para comer panelle, croquetas y fritos en general, además su caponata se considera una de las mejores de la ciudad. Otras direcciones para recordar son Al Gelatone (via dell’Autonomia Siciliana, 96/98) donde podrás probar helados de gustos insólitos, incluso salados; la Pasticceria Cappello (via Garzilli, 10 y via Colonna Rotta, 68), maestros en la combinación de gustos diversos; y Ciccio Adelfio (corso dei Mille, 73), con sus 79 gustos para combinar con un bollo.

Mar y senderismo

Para disfrutar del mar como los palermitanos no tienes más que ir a Mondello (unos diez kilómetros al norte del centro), donde te sentirás transportado a un litoral caribeño: aguas color turquesa, arena blanca, dos colinas verdes con la playa a los lados y como fondo las villas en estilo liberty de la burguesía siciliana. Una de las playas más hermosas de la costa norte está en Cefalù, un lugar ideal para grabar unos recuerdos inolvidables en todo aquel que pasa por allí: un baño en sus límpidas aguas, una puesta de sol del color de la arcilla desde la escalinata de la catedral de influencia árabe y normanda o una cena en las pintorescas callejuelas a base de “pasta alla Norma”. Al oeste de Palermo es imprescindible visitar la Riserva dello Zingaro, entre los pueblecitos de Scopello y San Vito Lo Capo, uno de los parques más paradisíacos de todo el Mediterráneo. Un recorrido de siete kilómetros a lo largo de la costa, con los acantilados a un lado y el mar azul en el otro, un lugar ideal para alternar senderismo y baños en el mar. Y por la noche, el placer de cenar pescado en una terraza de Scopello, con el acantilado sobre los farallones. La esencia de Sicilia.