Hay lugares donde el mito y la naturaleza se han unido en el tiempo hasta convertirse en una sola cosa. El Etna es uno de estos; no se trata solo de un icono imponente del territorio siciliano, sino de un símbolo de su cultura. Hogar de los dioses y del más allá, epicentro de leyendas antiguas y modernas, gigante al que hay que temer y venerar al mismo tiempo: para los sicilianos el Etna es mucho más que un dato geográfico, “el volcán activo más alto de Europa” (3343 metros). Es como una madre que vela por la isla desde hace 570 000 años y que en el trascurso de los años, con su actividad, ha dado forma, y lo sigue haciendo, a las pendientes y el llano que la rodean, decretando la suerte de quienes allí viven. Aquí os contamos cómo descubrir el volcán a través de experiencias verdaderamente inolvidables.

"Una de las etapas más escenográficas para tomar fotografías impactantes es la depresión del Valle del Bove (vertiente este), una vasta caldera apagada donde durante milenios se han estratificado las coladas de lava, dando origen a impresionantes paredes de hasta 1000 metros."

El respeto por “a Muntagna”

Catania y los pueblos que están a los pies del Etna han estado a merced del magma y los terremotos; de todas las erupciones que ha habido a lo largo de los siglos, la más violenta fue la de 1669 que, junto a un potente seísmo, enterró varios pueblos hasta el mar y llegó a las murallas de la ciudad. Por suerte, las erupciones dramáticas forman parte del pasado; actualmente se registran con regularidad (más o menos una vez al año), pero se trata de fenómenos espectaculares y no destructivos, con fuentes de lava que se elevan hacia el cielo unas decenas de metros. Pero no por esto los sículos han dejado de llamar al Etna con gran respeto “A Muntagna” (la montaña). El penacho de humo que sube del cráter principal es un elemento casi permanente en el panorama del Etna y anticipa su misteriosa fascinación, que ha conquistado durante siglos a viajeros y poetas. Una de las claves más intrigantes para entender esta montaña es explorarla dejándose transportar por la historia y las historias que amamantan el Mongibello (el antiguo nombre árabe que siguen utilizando los sicilianos).

En 4x4 entre cráteres, leyendas y fantasmas

Una excursión muy sugestiva para descubrir el volcán desde cerca es la que se hace en jeep 4x4 desde Zafferana Etnea hacia Monte Fontana. Se encuentran formaciones de lava a menudo aún más fascinantes gracias al humo procedente de la cima, visiones que evocan la fragua de Efesto, el dios griego del fuego. Según el mito esta se hallaba en algún lugar bajo el cráter. Con la cara pegada a la ventanilla, disfrutad de la vista durante la ascensión, una aventura que difícilmente lograréis explicar con palabras.

Una de las etapas más escenográficas para tomar fotografías impactantes es la depresión del Valle del Bove (vertiente este), una vasta caldera apagada donde durante milenios se han estratificado las coladas de lava, dando origen a impresionantes paredes de hasta 1000 metros. Podría ser incluso que estuviera por aquí el espíritu de la reina Isabel I (1533-1603), que según una leyenda vaga por la montaña como consecuencia de un pacto con el diablo que la ayudó a gobernar su reino.

Hay otra leyenda perteneciente al mundo anglosajón ambientada en el Etna: dice que hay una cueva (no se sabe cuál) que aloja el castillo donde vive el rey Arturo. ¿Estará entre los cráteres apagados de los Montes Sartorius? Se trata de una colada de lava negra cubierta por líquenes y plantas de manzanilla a 2151 metros de altura: un ambiente que parece que pertenezca a otra dimensión.

Viaje a la biodiversidad, hasta las emociones de los cráteres

Visitar el Etna equivale a vivir una aventura total, que implica los sentidos y la mente y se vuelve cada vez más interesante a medida que se sube hacia la cumbre. La ascensión a los cráteres más altos permite vivir muchas experiencias emocionantes, en un ambiente que no tiene igual.

Un cómodo punto de partida para una excursión (en coche o autobús) puede ser el pueblo de Nicolosi, donde pueden verse las señales de las erupciones del pasado y desde donde sube una carretera llena de curvas desde donde se pueden contemplar unas vistas que llegan al mar. A medida que se avanza, la biodiversidad del Etna aparece en todo su esplendor y variedad: vegetación mediterránea, hileras de cítricos y viñedos en terrazas, bosques de hayas, robles y castaños, hasta el desierto de rocas basálticas donde crecen solo la ginesta y el tragacanto.

A 1900 metros de altura se llega a dos conos volcánicos apagados llamados Crateri Silvestri, que en primavera ofrecen el espectáculo de las extensiones de saponaria fucsia, una flor de montaña típica del Etna. Desde aquí se toma el teleférico (en el Refugio Sapienza) para llegar hasta una altitud de 2500 metros, y se sigue a pie con un guía. Con su ayuda, los visitantes más aventureros pueden acercarse con total seguridad a las borboteantes calderas de los cráteres más altos, y hallarse en un mundo primordial rodeados por penachos de humo y, con un poco de suerte, por impresionantes bocanadas de lava naranja. Atravesar estos lugares es como entrar en contacto con el momento de la creación de la Tierra.

Sumergirse en el terruño

La fuerza del Etna sabe ser benévola. El suelo de tipo lávico aluvial, la altitud de los viñedos y la fuerte excursión térmica entre el día y la noche definen el terruño del Etna, que da vida a vinos únicos como Le Sabbie del Etna, un vino blanco fruto de dos cepas autóctonas (Carricante y Catarratto), de gusto persistente con toques de musgo, higo chumbo y notas marinas. De entre los tintos, la mejor expresión del territorio es el Etna Rosso, que nace de las cepas Nerello Mascalese, Nerello Cappuccio y Alicante: es un vino aterciopelado e intenso, gracias a la unión de aromas afrutados y tonos minerales que le dan las piedras únicas de este territorio. Son recuerdos perfectos para sacar a la mesa una velada entre amigos, para dejarse teletransportar por los sentidos de nuevo hacia la magia del volcán.

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