¿Quién va antes, Gaudí o Barcelona? Esta pregunta surge espontáneamente a la vista de cuán profundamente el genio del gran arquitecto catalán ha influido la ciudad. Una de sus obras en especial, conquista a los visitantes de todas las edades: el Parque Güell. ¿Estáis listos para descubrirlo en vuestro próximo crucero? ¡Os desvelamos sus secretos!

"¿Sabéis qué es un atanor? Es un objeto mágico y lo encontraréis en la parte más alta de la escalinata de entrada al Parque Güell!"

En el principio era… ¡una ciudad!

Eusebi Güell, mecenas catalán y amigo de Gaudí, quería crear en la Barcelona de principios del siglo XX una “ciudad-jardín”. El proyecto tenía previstas ni más ni menos que sesenta viviendas, aunque al final solo se construyeron tres, una de ellas era la casa del propio Gaudí. Del diseño original solo quedó el parque, que no tardó en convertirse en el escenario de espectáculos y actos culturales, un punto de referencia para los barceloneses primero, y más tarde para los turistas.

Decoración de autor

El Parque Güell es el triunfo del trencadís, el tipo de mosaico hecho con piezas irregulares de cerámica esmaltada (azulejos) y cristal de colores. ¡Fue el propio Gaudí quien lo inventó! ¿El mejor lugar para admirarlo? Sentaos en uno de los bancos que rodean la Plaza de la Naturaleza, el mirador del parque: cada uno de sus 110 metros de largo es diferente a los demás.

Prodigios de la alquimia ante vuestros ojos

¿Sabéis qué es un atanor? Es un objeto mágico y lo encontraréis en la parte más alta de la escalinata de entrada al Parque Güell. Esta extraña estructura de tres pies es el horno que usaban los alquimistas para transformar la materia a través del fuego. Su objetivo era lograr la piedra filosofal, que pensaban que tenía forma de huevo. Mirad dentro del horno: ¿no os parece que la piedra sin desbastar que contiene es ovalada?

¡El parque está custodiado por animales mágicos!

El más famoso de los “habitantes” del parque es la salamandra que vigila desde la doble escalinata de ingreso. Se considera un símbolo de prosperidad porque se dice que gracias a su sangre fría puede resistir al fuego, así que no teme las llamas del infierno. ¡No os olvidéis de tomaros una foto de buena suerte con ella! Y no es el único reptil “mágico” que encontraréis en el Parque Güell: la serpiente, considerado un animal taumatúrgico, se desliza por el sinuoso perfil del banco que rodea la Plaza de la Naturaleza, abraza el atanor e incluso recorre toda la verja exterior. Veréis como su cabeza “se asoma” cerca de la entrada, atrapada entre los colores de la bandera catalana.

El arte encubre la técnica

¿De dónde viene el agua que brota de la boca de la salamandra? No es una simple fuente. Gaudí proyectó un sistema de recogida de agua de lluvia que hace que confluya en una cisterna subterránea de 1200 metros cúbicos, para luego manar de la estatua de la entrada. Esta obra maestra de la técnica “se esconde” en el techo ondulado y cubierto de trencadís de la Sala Hipóstila, el “bosque” de ochenta y seis columnas que sujeta la Plaza de la Naturaleza. En realidad, hay cien columnas, aunque no todas son visibles: catorce de ellas se ocultan en la colina. El Parque Güell es como una isla mágica y todo va más allá de lo que parece a simple vista.

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