Córcega tiene tres características que la convierten en una meta única en Europa: es una isla muy grande, en la que es posible vivir tanto las emociones del mar como las de la montaña; tiene una cultura antigua y original, que mezcla elementos italianos y franceses en estilo isleño; es predominantemente salvaje y se presta a las exploraciones.

"La carretera D81 comunica las dos localidades, subiendo por los bosques hacia las montañas bajas del interior, donde detenerse para saborear quesos y platos a base de carnes de ovino."

Si las zonas más frecuentadas son las de Bonifacio, al sur, y el “dedo” al norte, donde se encuentran playas incontaminadas y mar cristalino, el área comprendida entre Ajaccio y Calvi es seguramente la más rica desde un punto de vista de las experiencias que se pueden hacer. Mar, trekking, grutas, aldeas y naturaleza inexplorada: estos son las 5 visitas imprescindibles que harán que estas vacaciones en Córcega sean especiales.

El Parque Regional Natural de Córcega

El corazón salvaje de Córcega se encuentra en su parque más grande, a medio camino entre las dos costas. Cuenta con montañas y picos, metas de excursiones adecuadas para las familias, saliendo desde la localidad de Corte. El Valle de Asco dispone de torrentes de aguas verdes y frescas en las que es posible bañarse y una vía ferrata de 2200 metros de cables colgados; el altiplano del Niolo oculta aldeas suspendidas donde degustar sabrosos embutidos, mientras los valles del Venachese son tierra de trashumancia de pastores y rebaños.

Las carreteras panorámicas al norte de Cargese

El tramo de costa entre Cargese y Calvi es una sucesión de gargantas y ensenadas, donde descubrir playas solitarias y, en el interior, las aldeas tradicionales de la Córcega “auténtica”. La carretera D81 comunica las dos localidades, subiendo por los bosques hacia las montañas bajas del interior, donde detenerse para saborear quesos y platos a base de carnes de ovino. La D81B en cambio empieza en Galéria y llega hasta Calvi, siguiendo los irregulares acantilados, en un hipnótico zigzag por las bahías occidentales de la isla. Dos itinerarios imperdibles para apreciar la esencia de este territorio.

La Reserva natural de Scandola

Se trata de una de las reservas más bonitas de Europa, considerada también Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; tiene una extensión de 20 km cuadrados, mitad en el mar y mitad en el interior. Se encuentra entre Piana y Galéria en una ensenada salpicada de rocas rojas, que caen en desplome sobre el mar verde-celeste incluso desde alturas de 900 metros. Un baño aquí durante la puesta de sol, explorando las grutas ocultas, es una experiencia realmente especial.

El centro histórico de Calvi

La pequeña localidad fundada por los genoveses, defendida por dos bastiones que se remontan al siglo XVI, es un conglomerado fascinante, con edificios de la misma época, la catedral y los restos de las culturas genovesas y francesas. Vale la pena vagar por sus callejuelas pintorescas, entre los taffoni (las formaciones esculpidas por el viento) y las casas de color ocre, deteniéndose frente a la (supuesta) casa natal de Cristóbal Colón y disfrutando de los panoramas sobre el mar.

La Île-Rousse

Es el color ocre el que da el nombre a esta localidad, un puerto natural utilizado desde la antigüedad. En el corazón de la aldea, a lo largo de la Promenade A Marinella, se encuentra una playa que invita al relax, mientras justo en las afueras se pueden recorrer senderos sinuosos que atraviesan zonas repletas de fragantes eucaliptos y que llevan hasta otras playas de colores intensos como Plage de Caruchetu, Marine de Davia y Lozari.

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