Lisboa, la capital de Portugal, cuenta con una cocina original y muy sabrosa, que muestra las influencias del océano, de la gloriosa historia nacional y de la mezcla de culturas presentes en la ciudad, sobre todo brasileña y africana.

"Los portugueses adoran los dulces y en las pastelerías de Lisboa se sirven gigantescas porciones de pastel y pastas de toda clase. "

Caldo verde

En un país que ama especialmente las sopas, el caldo verde está considerado como la sopa nacional por antonomasia. Se trata de un plato pobre que se consume como aperitivo, a base de patatas, cebolla, ajo y couve-galega (una especie de col) cocidos en una cazuela; antes de servirlo se puede añadir salchicha de cerdo. Un buen lugar donde probar esta sopa es el restaurante Tasca do Manel (rua da Barroca, 24).

Carne de porco a l’alentejana

Un plato de la región oriental de Portugal, adoptado en todo el país. Se trata de un guiso de carne en el que se mezclan carne de cerdo, ajo y almejas, en una combinación de sabores sorprendente. La mejor dirección donde saborearlo es la histórica Casa do Alentejo (rua das Portas de Santo Antão, 58).

Feijoada à transmontana

La feijoada es un plato típicamente brasileño, importado en Portugal por la colonia sudamericana que durante siglos ha abastecido el reino de riquezas incluso culinarias. En el Viejo Continente este plato cuenta con variantes interesantes: si en la de marisco se utilizan judías blancas, pulpo (o sepia), camarones, mejillones y almejas, la à transmontana prevé carne de cerdo y de vaca, embutidos, cebollas, zanahorias y judías rojas; se presenta acompañada con arroz blanco seco. El mejor sitio para probarla es Santa Luzia (largo Santa Luzia, 5).

Bacalhau à conventuàl

En Portugal el bacalao se encuentra en el centro de un culto sin límites que lo convierte en el plato nacional y existen precisamente 365 recetas para poderlo cocinar de forma distinta durante todo el año. La versión à conventuàl (o sfoliado com batatas) prevé la cocción lenta en agua, para luego pasar a amasar el pescado con puré de patatas y por último cocerlo de nuevo en el horno para que sea más crujiente. Todos los restaurantes de la ciudad proponen el bacalao, y no hay nada mejor que comerlo en una tasca (mesón) en la zona del Bairro Alto ante un espectáculo de fado, la melancólica música portuguesa.

Pasteis de Belèm

Los portugueses adoran los dulces y en las pastelerías de Lisboa se sirven gigantescas porciones de pastel y pastas de toda clase. Las especialidades más apreciadas son las de Belèm (la zona sudoeste de la ciudad), pastelitos de hojaldre rellenos de crema pastelera, servidos calientes con canela y azúcar lustre. Son imperdibles los de la histórica Pastelería de Belèm (rua de Belèm, 84), donde se producen desde el 1837 con una receta secreta.

Ginjinha y café

En Lisboa el final de la comida se celebra con un vaso de ginjinha, un licor de sabor atrevido obtenido de la infusión de cereza negra. Otro culto de esta localidad es el café: desde Brasil llegan las mezclas de mayor calidad y Portugal, junto con Italia, está considerado el mejor país del mundo donde tomar un expreso.