Al llegar en barco a El Pireo se puede saborear la importancia estratégica que Atenas ha tenido en la historia: fortificada por Temístocles, fue la ciudad principal de Grecia desde el siglo V a.C. Aquí es posible sumergirse enseguida en la cultura de un país donde el pasado se entrelaza al presente con un doble hilo. A medida que se acerca al centro, la mirada del turista queda inmediatamente atrapada por la extensión de casas blancas de la ciudad moderna, dominada por la Acrópolis, símbolo eterno del mundo clásico: Atenas es hoy una capital llena de vida, donde todavía es posible captar esa grandeza que hace 2500 años la convirtió en el centro más influyente del mundo occidental.

"Paseos por la Acrópolis, el complejo arquitectónico más grande de la civilización griega, imaginando las celebraciones por las victorias sobre los persas y el orgullo ciudadano por la supervivencia de la democracia sobre el Imperio. "

Un viaje al pasado

Imaginad cómo debía de ser la Atenas de los siglos V y IV a.C., uno de los momentos más importantes de la historia de la humanidad. Por sus calles deambulaba Sócrates, siempre listo para un debate filosófico; Platón y Aristóteles sentaban las bases del pensamiento político y científico; Pericles guiaba la ciudad a las guerras del Peloponeso y mandaba construir el Partenón encargándoselo a Fidias; Sófocles escribía sus tragedias inmortales, etc. Puede que nunca tanta riqueza artística e intelectual se haya concentrado en tan poco tiempo y en el mismo lugar; y nunca una ciudad tuvo semejante influencia sobre la cultura.

Vivir la Grecia clásica hoy significa cerrar los ojos y viajar con la mente: la manera más estimulante para descubrir Atenas y visitar sus icónicos lugares intentando retroceder 25 siglos. Paseos por la Acrópolis, el complejo arquitectónico más grande de la civilización griega, imaginando las celebraciones por las victorias sobre los persas y el orgullo ciudadano por la supervivencia de la democracia sobre el Imperio. Pasead por las sugerentes ruinas del Ágora, donde los atenienses se reunían para discutir y tomar todos juntos las decisiones políticas. Visitad el Areópago, la colina de Ares, donde se reunía el tribunal más antiguo de la ciudad. Deteneos en la escalinata del estadio Panathinaiko, conocido también como Kallimarmaron, esto es “de los mármoles hermosos” porque fue construido completamente con mármol pentélico, procedente del monte del mismo nombre: aquí se disputaron las primeras Olimpiadas en el 560 a.C. y parte de las de 2004.

El alma popular de la Atenas moderna

Hoy en día el espíritu y el estilo de vida griegos se captan en las expresiones más genuinas en Monastiraki y en la Plaka. El primero es el corazón popular de la ciudad, donde se celebra el mercado del fin de semana, que invade la plaza principal: los colores y perfumes de los tenderetes (se vende de todo, desde especialidades típicas como las olivas al caviar, ropa usada, libros, teléfonos móviles o gramófonos de época), junto a la ironía y simpatía de los comerciantes, dan vida a una atmósfera irrepetible. En esta zona no perdáis la oportunidad de visitar la catedral de Atenas, la Megali Metropoli (y su “sucursal” más pequeña, la Mikri Metropoli).

A su lado, la Plaka es el barrio más antiguo y característico; formado por calles tortuosas, edificios neoclásicos y balcones florecidos, que de zona obrera se ha convertido en el corazón de la movida ateniense. Tras la visita a las dos interesantes iglesias bizantinas de San Nicodemo y San Nicola Rangabas, vale la pena llegarse al Brettos Bar (en el número 41 de Kidathineon), la destilería más antigua de la ciudad, de 1909, donde es posible fotografiar su característica pared llena de botellas de colores y probar el mejor ouzo (licor a base de anís) de toda Grecia. Entre los muchos restaurantes y quioscos, una elección interesante es Mono (Mpenizelou Palaiologou, 4C), una visión moderna de la taberna griega, con platos clásicos con un toque gourmet (hay que probar los mejillones estofados con azafrán y bacon).

Paseos y playas

Atenas es una extensión de edificios blancos dispuestos entre siete verdes colinas. A pie o en funicular, subid al monte Licabeto, el más alto de la ciudad (272 metros): desde aquí se disfruta de un panorama espléndido a 360 grados que va desde las montañas hasta el Golfo Sarónico. Si queréis una excursión que se salga de las rutas clásicas, debéis dar un paseo por Anafiotika, un barrio que se encarama hacia la Acrópolis y en el que uno se siente teletransportado a una isla de las Cícladas. Lo fundaron en los años 50 los inmigrantes de estas islas, que quisieron recrear allí su ambiente: casitas cándidas de azules ventanas y buganvilla en los balcones, olivos por todas partes y gatos hechos un ovillo delante de las puertas.

Atenas también ofrece tramos de litoral perfectos para refrescarse en los días más calurosos. Las playas preferidas de los ciudadanos son las que están al sur del Pireo, que no tienen nada que envidiar a las de la Grecia insular: mar turquesa, arena blanca, un marco verde y una atmósfera de quietud absoluta. Glyfada, 15 kilómetros después del puerto, tiene un bonito promontorio y es perfecta para paseos e inmersiones; Varkiza, después de 10 km más, es una bahía en herradura donde el agua no cubre, lo que la hace ideal para familias; Sunión, 30 km más al sur, es la punta de la península ateniense, con una serie de ensenadas relajantes dominadas por el Templo de Poseidón.

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