Desde que de pequeño iba a pescar con su padre, lleva el mar dentro; pero ahora se ha convertido para él en una segunda piel. Giambattista Mancini habla sin tapujos de él y de su vida a bordo.
“Ser capitán es una vocación, los huéspedes de a bordo me tratan como a una estrella de fútbol y eso es algo que me hace sonreír”.

¿Qué significa para usted ser el capitán de un barco de cruceros?

“Es casi una vocación. Es una profesión que da mucho porque se viaja, se conocen muchos lugares y personas nuevas, pero por otra parte estás lejos de la familia y los amigos. Además, nuestros huéspedes nos confían sus vacaciones y esto implica hacer frente a muchos aspectos, como el organizativo o el técnico”.

¿Qué cualidades hay que tener?

Imparcialidad de juicio, transparencia ética y frialdad en la toma de decisiones rápida”.

¿Cómo empezó su aventura a bordo?

“Cada año esperaba que llegara el verano para poder subir a la barca de mi padre, que era pescador. No tenía ni idea de peces, pero me fascinaban el timón y el radar. Después del Instituto náutico, entré en la Marina Militar y tuve mis primeras experiencias en cargueros encargados del transporte de productos químicos. Desde 2003 estoy en Costa Cruceros y hace 5 años que soy capitán”.

¿Qué es lo que le empuja a seguir cada día?

“La posibilidad de viajar y conocer más cosas. Hace poco que he descubierto Asia. En particular Singapur y Bangkok, un turismo que sabe unir las bellezas naturales a las culturales”.

¿Qué es lo que le gusta del mar y qué le aporta?

“El mar refleja mi carácter, se ha convertido en una manera de ser. Asocio el movimiento a la idea de energía”.

¿Hay un momento del crucero que le emocione?

“La salida desde el primer puerto. Me recuerda los viejos trasatlánticos que soñaban con el Nuevo Mundo. Veo muchas emociones en los rostros de las personas: ganas de descubrir cosas nuevas, felicidad, sorpresa”.

¿Qué relación tiene con los huéspedes?

“Me tratan como a una estrella de fútbol y eso es algo que me hace sonreír. En general, siento su respeto. Algunos incluso me ven un poco como uno de ellos”.

¿Tiene alguna costumbre u objeto cuando está a bordo al que se sienta unido?

“Una especie de amuleto que me regaló un amigo coach y que guardo en el armario, y un regalo de mi mujer que tengo en la mesilla de noche. Y luego, el café de las 8:30, que siempre tomo con mis compañeros más íntimos”.

¿Hay un momento en que el barco se convierte en tu casa?

“Pasado un cierto tiempo se van hallando espacios propios, tanto en el camarote como en el puente de mando. Todos nos relajamos un poco”.

¿Tiene un barco preferido?

“El Costa Deliziosa. Allí me estrené como capitán, di mi primera vuelta al mundo y he conocido a personas que me han aportado mucho tanto a nivel humano como profesional. Ahora estoy a bordo del Costa Luminosa, y durante cuatro años estuve en el Costa Fortuna”.

¿Cuáles son sus aficiones a bordo y en casa?

“En el barco me gusta ir al gimnasio, correr y salir en bicicleta cuando es posible. Cuando estoy en casa me encanta practicar deporte y visitar ciudades artísticas”.

Volviendo al mar, el tema del cuidado del medio ambiente también supone una gran responsabilidad.

“Tenemos un deber frente a nosotros mismos y las generaciones venideras. A bordo nos esforzamos constantemente en reducir la cantidad de residuos que producimos y en sensibilizar a la tripulación y los pasajeros de la necesidad de disminuir el desperdicio alimentario y limitar el consumo energético”.