Es perfecto en cualquier estación, nos emociona siempre y se adapta a los gustos más dispares: un crucero es el regalo perfecto para un cumpleaños inolvidable. Y celebrar durante las vacaciones aumenta la felicidad, porque une dos momentos especiales. Hemos hablado de esto con Sara, socia CostaClub Ambra, que reservó su primer crucero Costa justamente para vivir un cumpleaños diferente. Y, como ella nos ha contado, “no podía haberme regalado nada mejor”.

"Esto nos cuenta Sara, Socia Ambra que celebró a bordo su cumpleaños. ¡Un concentrado de felicidad! "

Para mi fiesta de este año quería mimarme mucho, así que decidí irme de crucero. Elegí unas vacaciones con Costa Pacifica en el Caribe para olvidar el invierno, y antes de zarpar pedí algunos consejos a amigos que ya habían estado en un crucero varias veces. Su primer consejo fue el de apuntarme al CostaClub: “Tendrás muchos mimos de más. Serán unas vacaciones el doble de especiales”, me dijo Annamaria. ¡Y tenía razón! El día de mi cumpleaños las sorpresas empezaron desde por la mañana: al regresar del desayuno encontré en el camarote una tarjeta de felicitación con un descuento especial para un tratamiento en el spa Samsara. Me dije: “Bueno, un día tan importante como este se merece una dosis extra de relax”. Así que por la tarde, a la vuelta de la excursión, me dediqué un masaje regenerador en el spa con vistas al mar. Un relax único, ¡con el atardecer delante! Pero la mejor sorpresa fue la que recibí por la noche: había elegido cenar en el restaurante Samsara, porque me gusta probar sabores nuevos y tengo debilidad por la cocina oriental, así que sentía curiosidad por el menú Pacific Fusion —que me aconsejó mi amigo Francesco—, y cuando llegó el postre…¡maravilloso! Totalmente por sorpresa, vi aparecer al personal del restaurante dirigiéndose hacia mí y cantando “Happy birthday” con una espléndida tarta de chocolate, ¡verdaderamente deliciosa! Me emocioné mucho, ¡nunca lo hubiera esperado! Y la tarta no iba sola, la acompañaba otro regalo: una foto retrato que me hice en el set fotográfico de a bordo. Así que, tan contenta, corté la tarta y la ofrecí a los otros cruceristas: la velada se transformó en una fiesta, porque hice amistad con algunos de ellos y seguimos la velada juntos, bailando hasta tarde en el vestíbulo central. ¡Fue un cumpleaños inolvidable! La única pena que tengo es que con la emoción del momento no caí en hacerme una foto con los amigos en el restaurante… pero me parece que le pondré remedio el año que viene, ¡porque ya he reservado mi próximo crucero!