Una sonrisa, una mirada atenta al arreglo de las mesas, un consejo a quien está hojeando el menú: nuestro encuentro con Gianni Patrito, maestro de sala de Costa Pacifica, se lleva a cabo en el Club Blue Moon, el restaurante reservado al desayuno, almuerzo y la cena de los socios Perla Diamante. Él es quien se asegura de que todos los servicios que se realizan a bordo sean perfectos, y coordina la actividad de todos los restaurantes. Cuando el almuerzo está tocando a su fin, le vemos intercambiar unas palabras y un saludo con una pareja de socios franceses antes de acercarse a nosotros. “Los momentos en la mesa, los sabores —nos dice— son una parte fundamental de la experiencia de un crucero. Mi trabajo es acentuar los detalles que dan más valor al viaje, haciendo que cada vacación sea especial. Y aquí, en el Restaurante Club, donde el menú a la carta es incluso más rebuscado y el ambiente más íntimo, cada momento tiene un sabor aún más único”.

"Mi trabajo es acentuar los detalles que dan más valor al viaje."

Así pues, ¿podemos decir que cada crucero es una experiencia en sí misma?

Sin duda alguna; y no solo cada crucero es diferente, cada día lo es. Incluso para nosotros, que acogemos a nuestros huéspedes a bordo. Nuestro deber es mimarlos y sorprenderles siempre; especialmente a los socios CostaClub, los más fieles y especiales, que repiten incluso el mismo itinerario varias veces. Damos lo mejor de nosotros para que su crucero sea siempre una experiencia mágica como “la primera vez”. Para los huéspedes, las vacaciones significan romper con la rutina y las ganas de probar cosas nuevas y vivir experiencias diferentes. En cambio, para el personal, cada día en el barco está marcado por reuniones y encuentros de coordinación: prestamos atención a todos los detalles de cada servicio para estar seguros de realizar los deseos de nuestro “público”. ¡Obviamente también el itinerario marca una diferencia! Por ejemplo, en el Norte de Europa —uno de los destinos preferidos por los socios— nos ponemos manos a la obra para que todo esté listo desde muy temprano porque a menudo los socios son madrugadores. Mientras que, por ejemplo, en el Caribe, donde el ritmo es más relajado, nos aseguramos de que en el desayuno puedan encontrar muchas alternativas frescas y ligeras.

Los socios, y en general los pasajeros del barco, proceden de muchos países: ¿cómo es posible contentarlos a todos?

Cuando el huésped se sienta a la mesa, quiere que le sorprendan, pero al mismo tiempo desea que se entiendan y se secunden sus gustos y costumbres. Así que es importante formar al personal para que sepa interpretar a las varias culturas, de manera que los socios se sientan “como en casa” cada vez que vienen. También es fundamental ofrecer muchos sabores internacionales: en el restaurante se tiene la sensación de viajar, descubriendo siempre cosas nuevas. Por este motivo, los menús son siempre diferentes, incluso en los viajes largos.

¿Qué le da más sabor a un almuerzo o una cena en el crucero?

Cuando el barco está en movimiento, se le siente como a un ser viviente: su balanceo, la brisa, el sonido del mar y del viento… Todo esto para mí es el marco que hace únicos también los momentos pasados en la mesa. Hace pocos años, en Costa neoRiviera, creamos un acontecimiento justamente para que los huéspedes pudieran disfrutar al máximo de la sensación del viaje por mar. Los días en que el barco atravesaba el estrecho de Messina, organizábamos un brunch en la popa que llamábamos “Almuerzo sobre la estela de la hélice”: la combinación del panorama, los sabores y los aromas del aire creaba un escenario inolvidable. Fue un gran éxito, a los socios de a bordo les encantó.

Usted está en Costa desde hace muchos años y ha viajado por prácticamente todo el mundo: ¿cuál es el aspecto que hoy en día sigue emocionándole de su trabajo?

El ambiente de participación que se crea en las mesas: es una magia que no deja de repetirse, porque a bordo es fácil tomarse el tiempo para disfrutar de una charla, para conocerse, sobre todo si mientras tanto se disfruta de una cena o un almuerzo excelente. Además, entre socios la participación es aún más fuerte y yo creo que es uno de los motivos que los hace volver a bordo con nosotros, para sentirse acogidos como socios especiales, porque en los acontecimientos exclusivos es fácil hacer nuevas amistades que se estrechan aún más en los cruceros largos. ¿Una anécdota para todos? En 1991, durante el último crucero del Eugenio Costa: fue un viaje maravilloso, que abordó Escocia, Islandia, Groenlandia y Nueva York, donde debíamos permanecer durante tres días. Recuerdo a dos cruceristas que viajaban solos y se encontraron por casualidad en la misma mesa durante la cena… Años más tarde, a bordo del Costa Classica, vinieron a saludarme cogidos de la mano y me contaron que se habían casado. ¡Todavía no sabía que esa escena iba a repetirse muchas veces a lo largo de los años!