¿Pensáis que es imposible que vuestro crucero sea aún más regenerador? Eso es que todavía no habéis descubierto el Samsara. Palabra de quien lo ha probado: el spa de a bordo es una etapa obligatoria para añadir un punto más a vuestra alegría de estar de vacaciones, en cualquier momento del año. Nosotros, por ejemplo, antes de regresar del Caribe, nos dedicamos el relax de un día en el espléndido Samsara de Costa Pacifica. Y como el buen tiempo estaba a la vuelta de la esquina, aprovechamos para hacer algunos tratamientos que nos ayudaran a estar más en forma. Aquí os dejamos nuestros consejos para disfrutar al máximo de vuestro día de bienestar total.

"Aquí os dejamos nuestros consejos para disfrutar al máximo de vuestro día de bienestar total."

Un tratamiento facial para ser la expresión de la felicidad

Envueltos en el suave albornoz que nos entregaron en la entrada, la recepcionista nos acompañó enseguida a la sala de tratamiento. Entre maquillaje, contaminación, frío y poco sol, en invierno nuestra piel lo pasa mal, así que era muy necesario un azote de energía: pedimos consejo a las especialistas y optamos por el tratamiento facial Pro Collagen Marine. ¿El resultado? Durante 50 minutos nos desconectamos literalmente de cualquier lazo con el mundo. La terapeuta del Spa nos hizo sentir inmediatamente cómodos con su sonrisa, y nos explicó como iba a ser el tratamiento: un masaje en rostro, escote y cuero cabelludo con efecto drenante y antiedad, con el uso de los mejores productos de belleza. El perfume de la habitación y el de las cremas, la sensación tibia, las tensiones que se derriten y se van… cuando salimos nuestras caras eran la viva imagen del bienestar.

Prueba de vestuario, ¡no te temo!

Todavía con la sonrisa en la cara, nos dedicamos una visita a las salas del Spa. Así que pudimos disfrutar del baño turco oriental, que con su combinación programada entre vapor y calor depura el cuerpo y relaja la mente, la agradable sensación de “baño seco” del Laconium, la tibieza de las chaise longue del Tepidarium en la espalda y el hidromasaje en la piscina de talasoterapia. Todos los ambientes nos dejaron una sensación de relax, al tiempo que nos devolvían la energía y hacían que nos sintiéramos renacer en un crescendo de bienestar difuso. Pero como es bien sabido, es difícil resistirse a las tentaciones de la mesa durante un crucero, así que quisimos probar también el tratamiento adelgazante lonithermie: esta vez, otra terapeuta del Spa nos aplicó unas compresas de algas para eliminar toxinas, y probamos también los “escalofríos” de las estimulaciones galvánicas (muy agradables y delicadas), una gran ayuda en nuestra “lucha” contra la celulitis. Al ponernos en pie nos sentimos inmediatamente menos hinchados y más tonificados. Pero sobre todo, ¡mucho más ligeros!

Sólo nosotros y el mar: cada momento se convierte en único

Su vista a través de los grandes ventanales panorámicos, su continua danza con la que nos acuna y relaja: la gran belleza del Spa Samsara, desde nuestro punto de vista, es tener el mar alrededor, como si te envolviera con su dulce abrazo. Es este el toque “mágico” que hizo que nuestra experiencia se transformara en un momento de bienestar absoluto, imposible de vivir en otra parte, durante el que cada instante se vuelve único. ¿Otro recuerdo imborrable? Cuando esperamos que se pusiera el sol desde el Jardín de invierno, bebiendo un té ayurvédico sobre nuestras tumbonas. Y mirando al horizonte nos sentimos en perfecta paz.

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El Laconium: el calor de esta sala nos ofrece una dosis extra de energía.