Unas vacaciones en familia son el momento ideal para dedicarse a juegos nuevos que diviertan a grandes y pequeños: mirar las estrellas es uno de ellos. Reconocer las constelaciones, descubrir historias antiguas, quedarse boquiabiertos ante la belleza del cielo. Durante el crucero, en medio de la oscuridad del mar, podemos admirar las estrellas junto a nuestros niños y explicarles los secretos más curiosos. Ahí van algunas sugerencias para disfrutar de un espectáculo increíble, las estrellas que guiaron a los antiguos navegantes, gracias a la mágica oscuridad del límpido cielo de la noche y al silencio del mar.

"El astro de los navegantes era conocido también como Alrukaba, literalmente, “rodilla”. Lo llamaron así los astrónomos árabes, que fueron de los primeros en dar un nombre a las estrellas. "

¿Cómo orientarse en el cielo estrellado?

Hubo un tiempo en que el cielo era el único instrumento con que se contaba en medio del mar para orientarse, y justo aquí es donde la visión de las estrellas es la mejor, lejos de la iluminación de las ciudades. ¿Por dónde empezar? La constelación más fácil de localizar es la Osa Mayor: llevad a los niños a la cubierta del barco y observad el cielo en dirección norte, desde allí podréis identificar las siete estrellas que la forman. También se conoce como el Carro Mayor, su historia se origina en la antigua Roma, cuando se relacionaba la figura formada por la constelación con un rebaño de siete bueyes. En cambio, en el mundo árabe, se imaginaba como la representación de un féretro seguido de tres mujeres. Desde el centro de la Osa Mayor, ayudad a los pequeños a desviar la mirada dándoles puntos de referencia: a partir de la Estrella Polar, la más luminosa del grupo, gracias a la cual se quedarán probablemente fascinados, se puede reconocer la Osa Menor. Algunas curiosidades para explicar a toda la familia: el astro de los navegantes era conocido también como Alrukaba, literalmente, “rodilla”. Lo llamaron así los astrónomos árabes, que fueron de los primeros en dar un nombre a las estrellas. Gracias a su inconfundible forma de reloj de arena, Orión, que recuerda a un gigante cazador de la mitología griega y latina, destaca entre los astros. En el centro es fácil reconocer las tres estrellas alineadas que forman el cinturón de Orión. Otra célebre constelación es Casiopea; teniendo como referencia la estrella polar, es la opuesta a la Osa Mayor. Según la leyenda, Casiopea, reina de Etiopía, fue cazada en su país y Perseo la liberó. Entre la Osa Mayor y la Osa Menor está Draco, el dragón de cien cabezas vencido por Hércules que en la mitología era el guardián del jardín de las Hespérides. No muy lejos, es fácil reconocer a Vega, estrella luminosa y visible en verano.

Astros y leyendas

Contar las historias de los astros a los hijos les apasionará todavía más que la observación de las constelaciones. Los mitos de los pueblos antiguos transmiten un legado de historias muy sugestivas, como una leyenda de la antigua Grecia, según la cual, en medio del carro, hay una pequeña estrella llamada estrella de la muerte. Su lúgubre nombre viene del hecho de que, siendo casi siempre invisible, quien consiguiera verla la noche antes de la batalla, caería durante el combate. Antes de embarcaros en el crucero, podéis crear expectativas en los más pequeños regalándoles algunos libros sobre las estrellas: ¡estarán impacientes por observar los astros durante las vacaciones! A los más pequeños, a partir de los 3 o 4 años, podéis leerles El espacio, de Rob Lloyd Jones, un libro que explora las maravillas del cielo, entre planetas, estrellas y astronautas con 60 solapas que se pueden levantar para descubrir la información más curiosa sobre el espacio. Para los más mayores, a partir de 6 o 7 años, el autor inglés Neal Layton propone un libro pop up titulado La historia de las estrellas. Las estrellas, los sistemas solares, las galaxias y más allá…, para responder a las preguntas de los niños: ¿qué son las estrellas? ¿Dónde están? ¿Qué nos deparará el futuro?

Los descubrimientos de la astronomía se funden con la fascinación de los antiguos mitos, verdaderas perlas que hay que compartir con los niños para estimular su curiosidad y ganas de saber. Mecidos por el vaivén del barco, escrutar el horizonte en familia será un dulce preludio antes de caer en los brazos de Morfeo.

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