Viajar con niños puede no resultar fácil, especialmente cuando uno se enfrenta a un desplazamiento en avión por primera vez. Si los recién nacidos pueden sufrir por el cambio de presión, con 3 o 4 años uno de los problemas puede ser la exigencia de moverse, mientras que con 6 años entran en juego otros miedos diferentes. A veces el “trabajo” hay que hacerlo antes de embarcar, otras veces, después. Te ofrecemos algunos consejos para afrontar un vuelo en avión en el que todos, desde los más pequeños hasta los padres, puedan viajar serenamente, disfrutando del momento.

"Habla a tus hijos del viaje que vais a realizar, planificad juntos las actividades de las vacaciones, explícales cosas sobre vuestro destino, comunica las emociones que se pueden experimentar durante el vuelo contándoles los recuerdos de tus primeros viajes en avión."

Reserva con antelación

Cuando tengas que reservar un vuelo, hazlo siempre con antelación. Hay muchos motivos para hacerlo: antes que nada para garantizarte que vas a viajar junto a tus hijos, sin que la familia se encuentre separada en la cabina. Volar uno cerca del otro da seguridad a los niños, los mantiene dentro de su ambiente relacional habitual y los induce a disfrutar del viaje. Si es posible, busca un vuelo que no altere demasiado sus ritmos de sueño y vigilia, esto es más sencillo si reservas con antelación. Además, reservar con antelación tiene otras ventajas: mejores tarifas, posibilidad de elegir asientos y libertad de organizar el resto de las vacaciones sin preocuparse por el desplazamiento aéreo.

Elige los asientos adecuados

Tanto si se trata de un vuelo largo como de uno corto, es probable que los niños necesiten ir al baño. Así que es mejor informarse con antelación, sobre todo en los vuelos de bajo coste, sobre cómo elegir asientos en la zona trasera del avión, la más cercana a los servicios. De este modo se evitará molestar a los pasajeros y será más fácil moverse al secundar las exigencias de los pequeños.

Gestiona la ansiedad

Los niños “sienten” las emociones de los padres, si estás ansioso se lo vas a transmitir. Mejor que sea el más tranquilo de los padres quien gestione las primeras fases del vuelo, como el embarque y el despegue, que pueden alterar incluso a los adultos. Para los pequeños, disfrutar del panorama desde lo alto tiende a ser más importante que el vértigo, pero si entra en juego la ansiedad, se puede intervenir hablando con el niño y devolviéndolo a recuerdos agradables, o ayudándole a respirar profundamente inspirando y espirado junto a él (contando en voz alta “101, 102, 103” para marcar los tiempos de entrada y salida del aire).

Mantenlos en movimiento

En los vuelos intercontinentales, al menos cada dos horas, lleva a tu hijo a dar un pequeño paseo por el pasillo del avión. A menos que duerma, es importante “tenerlo en movimiento” para que desentumezca las piernas y para combatir la monotonía del vuelo estimulando su curiosidad y la actividad cognitiva. Si tu hijo lo pasa mal estando quieto mucho rato, lleva un par de juegos para el vuelo, uno de sus preferidos y otro nuevo, que capte su interés durante un rato.

Dales de beber

Los cambios de presión del avión son un gran problema para los lactantes, que todavía no saben destaparse los oídos solos. Asegúrate de llevar un biberón durante el despegue y haz que beban, aunque solo sea agua, para que consigan gestionar la presión al chupar y tragar. También el chupete puede ser útil.

Inventa una historia

El miedo a lo desconocido tarde o temprano aparece y, hacia los 5 o 6 años, los niños podrían no entusiasmarse ante la idea de viajar en avión. Habla a tus hijos del viaje que vais a realizar, planificad juntos las actividades de las vacaciones, explícales cosas sobre vuestro destino, comunica las emociones que se pueden experimentar durante el vuelo contándoles los recuerdos de tus primeros viajes en avión.

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