Las vacaciones son la panacea para el cuerpo y el espíritu, y a menudo hacen milagros también en la vida conyugal. Pasar juntos un periodo relajante en un lugar agradable, lejos del estrés de la vida de todos los días, ayuda a reavivar de nuevo la complicidad y el placer de la compañía recíproca. Pero el riesgo es que la magia dure poco. Si se han pasado unos días magníficos con la pareja, pero se temen los efectos negativos del retorno “a la realidad”, estos son 4 cosas que se pueden hacer y 4 que no se deben hacer para prolongar el idilio.

"Una sorpresa, un regalo inesperado, suscitan siempre una sonrisa y crean complicidad. No es necesario exagerar, es suficiente un detalle."

COSAS PARA HACER

Seguir un curso Intentar encontrar un momento entre la rutina y los compromisos diarios para pasar una velada solos, para relajaros, hacer algo que os guste y refrescar el placer de estar juntos. Una buena idea es apuntarse a un curso (cocina, baile, idiomas, deporte). Una actividad de interés común os permitirá pasar tiempo juntos fuera de casa, dedicando vuestro tiempo a algo nuevo y estimulante que os proporcionará también un argumento de conversación y la posibilidad de conocer otras personas.

Organizarse en casa Es el secreto para mejorar la convivencia. Subdividir de forma clara los que haceres domésticos, contribuyendo ambos en el cuidado del hogar, aligera el peso, limita de esta forma el estrés y evita que sea una única persona la que se asume todas las labores cotidianas.

Hacerse un regalo de vez en cuando Una sorpresa, un regalo inesperado, suscitan siempre una sonrisa y crean complicidad. No es necesario exagerar, es suficiente un detalle.

Organizar un fin de semana Aunque el verano haya terminado, no significa que tenéis que renunciar hasta el año próximo a un viaje. Intentad encontrar un fin de semana libre al mes para ir a visitar una ciudad de arte o para hacer una excursión enogastronómica. Pensarlo bien, prepararlo y hablarlo hasta el momento de irse es una forma para aumentar la espera y el placer de una pequeña “escapada”.

COSAS QUE NO SE TIENEN QUE HACER

No llegar tarde del trabajo Si no es estrictamente necesario, evitad quedaros en el lugar de trabajo más allá del horario normal, sobre todo justo después de recuperar los ritmos normales, dispondréis de más tiempo para la vida familiar y conyugal. Y no os llevéis a casa el trabajo, cada cosa tiene su tiempo y su espacio.

No dejar de hablar La rutina y el estrés diario pueden marchitar el placer de charlar. Intentad mantener en cambio vivo el diálogo y los intercambios, mostraros interesados por la jornada del cónyuge intercambiando pensamientos y opiniones. En definitiva, hablad entre vosotros y no sólo de los problemas y de las tareas domésticas.

No aislarse Es justo que cada uno disponga de sus propios espacios para dedicarse a sí mismo, pero el riesgo es que se conviertan en preponderantes respecto al tiempo pasado juntos. Es necesario encontrar un equilibrio entre las propias aficiones y las necesidades de la vida conyugal.

No darse por descontado Podrá parecer obvio, pero este es uno de los mayores errores que desvanecen el placer de la vida conyugal. Si durante las vacaciones habéis descubierto de nuevo lo que os emociona de vuestra pareja, seguid también en casa y cultivad el interés recíproco para mantener fresca y viva vuestra relación.

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