¿Cuál es el beso más esperado y soñado por todos? Con todo el respeto por príncipes y princesas, tal vez el más deseado sea el beso de la Fortuna, que arrastra el perfume del amor y la felicidad. Pero ya se sabe, la diosa Fortuna se hace desear… ¿Por qué no intentar cortejarla y sorprenderla yendo en busca de los lugares del mundo por donde parece que ha pasado? Emprendamos este viaje juntos, ¡hemos escogido algunos lugares aposta para vosotros!

"¿Queréis ascender en el trabajo, una salud de hierro o bienestar económico? Entonces tenéis que dirigiros al árbol conocido como Árbol del Espíritu."

La fortuna surge por el este…

Oriente, fabuloso y misterioso, siempre ha fascinado a escritores y pintores; desde Chateaubriand hasta Matisse y Monet, ha conseguido embrujar también a la diosa Fortuna, que ha dejado caer por doquier amuletos con los que acercarse a los propios deseos. Quien desembarque en Singapur podrá visitar la Fuente de la Riqueza, en el complejo comercial de Suntec City, una de las fuentes más grandes del mundo. Y bien, una vez ante ella, ¿qué hacer para conseguir el anhelado beso de la Fortuna? Hay que dar tres vueltas a la fuente más pequeña manteniendo la mano bajo el agua. Pero, ¡mucha atención!, aseguraos de que los chorros de agua del anillo de arriba estén apagados o vuestro beso de la fortuna se pasará por agua.

En Hong Kong, cerca del templo Tin Hau Lam Tsuen, hay dos árboles, dos Banyans, que los locales consideran divinos y que se cree que cumplan deseos. ¿Queréis ascender en el trabajo, una salud de hierro o bienestar económico? Entonces tenéis que dirigiros al árbol conocido como Árbol del Espíritu, el más grande; si vuestros deseos conciernen al amor o a los hijos, deberéis pedirlo al más pequeño. El procedimiento a seguir para pedir el deseo es algo complicado. Tenéis que comprar allí mismo una hoja amarilla (se llama bao die) donde escribiréis vuestro deseo (y vuestro nombre), y una naranja. Atad el bao die a la naranja y lanzadlo hacia la copa del árbol: si vuestro deseo se queda atrapado entre las ramas de los árboles sagrados, se cumplirá. Disponéis de tres intentos. Si al tercer intento no lo conseguís, deberéis “aligerar” un poco el deseo: recordad que se trata de un árbol de los deseos, ¡no de los milagros!

También en Hong Kong, en el Templo Wong Tai Sin, está el pozo de los deseos de la roca del León. Parece que es el lugar ideal para que se cumplan los sueños de los recién casados. Si estáis de viaje de novios, ¿por qué no incluir el templo en el mapa de vuestro viaje? Además, el pozo está situado en el Jardín de los Buenos Deseos, un lugar encantador e impregnado de romanticismo.

Nos desplazamos un poco más hacia Oriente, hasta el país del sol naciente, Japón. En Tokio, uno de los templos más famosos y visitados es el Meiji Jingu. Sumergido en el verdor de un parque maravilloso, el templo es el lugar adecuado para expresar deseos. Vosotros también podréis colgar el vuestro en la pared de las oraciones, escrito en un papel o en una tabla de madera (ema), o bien podréis dejar una moneda en la caja de las ofrendas y pedir un deseo. Pero aquí también hay un ritual a seguir: deberéis hacer dos genuflexiones y dar dos palmadas, depositar la moneda en la caja y reclinaros de nuevo.

… y se pone por el oeste

Seguimos moviéndonos a través del Pacífico, hacia las Américas. Quien va en crucero hacia los confines del mundo, a la sugestiva Punta Arenas, en el extremo sur de Chile, se encontrará con el monumento dedicado al navegante portugués Fernando de Magallanes, en la plaza principal de la ciudad. Sus pies lo llevaron lejos, tal vez por esto besarlos es un rito obligatorio para quien busca un poco de ayuda para “abrirse camino” en la vida… También en el Viejo Continente hay lugares donde “hacer fortuna”. En Split, parece que de suerte tocar el dedo gordo del pie de la gran estatua de bronce de Gregorio de Nin, situada a espaldas del Palacio de Diocleciano. De tanto frotarlo, los visitantes han conseguido que el gran dedo gordo de la estatua esté resplandeciente.

Una última cosa que no debéis olvidar: la fortuna siempre está del lado de los audaces. Y por eso, el viaje sigue a bordo de un crucero Costa. En las noches de cielo sereno, en la increíble quietud del mar abierto, confiad vuestros sueños al amuleto más famoso del mundo: las estrellas fugaces.

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