Adam D.Thiany es uno de los diseñadores internacionales más afamados en el campo de la hostelería. Algunos de los hoteles y restaurantes más prestigiosos del mundo llevan su firma; entre ellos el Hotel Beverly Hills de Los Angeles, el Belmond Cipriani de Venecia o el mandarin oriental de Las Vegas. En esta entrevista hemos descubierto que, además de un talento incuestionable, posee un brillante sentido del humor y una capacidad extraordinaria para cautivar y conquistar a su interlocutor. En estas líneas nos habla de su amor por italia y de cómo nació la visión que dará forma a los interiores de dos barcos concebidos para revolucionar el mundo de los cruceros.

"Se trata de participar con Costa en la recuperación del orgullo nacional italiano. Y todos quieren colaborar."

Sr. Tihany, nos ha sorprendido su dominio del italiano. ¿Dónde lo aprendió?

Estuve viviendo en Italia desde 1969 a 1975 para estudiar arquitectura en el Politécnico de Milán, en una época extraordinariamente fértil para la historia del país. La formación y las experiencias de aquellos años han sido fundamentales para el diseñador —y la persona— que soy ahora, porque he tenido la gran suerte de asistir en persona al nacimiento del diseño italiano. Fueron años de puro genio, que alumbraron desde productos de gran consumo como la Vespa hasta joyas de lujo, como el Ferrari 365 Daytona o el Maserati Ghibli de Pininfarina y Giugiaro. Fue también una época de grandes personajes, como Giò Colombo, el primero del mundo que incorporó materiales plásticos al diseño y que ocupa un puesto especial para mí. Fue en su estudio donde inicié mi profesión. ¿Qué es lo que guarda en su corazón de su época italiana? Me enamoré del arte industrial, de esa increíble capacidad de inventar algo exclusivo partiendo de la nada. Aprendí a captar la esencia del producto, a tener sensibilidad para los detalles y a sentir amor por las materias primas. Esta “lección italiana” ha sido una referencia durante toda mi carrera y, todavía hoy, sigue siendo la esencia de mi filosofía. Y es que, en Italia, todo es más bonito, suena mejor y tiene mejor gusto.

Usted viaja muchísimo. ¿Qué clase de viajero es?

Soy observador por naturaleza. En cualquier lugar que me encuentre, ya sea en casa o de viaje, me inspiro en lo que me rodea y en lo que estoy viviendo en cada momento. Mi trabajo me brinda muchas oportunidades de viajar, y cuando llego a una ciudad, mi objetivo es visitar los museos, las galerías de arte, los restaurantes y los lugares más importantes. Quiero captar el alma del lugar para comprender en profundidad su cultura, su idioma y su ritmo. Para un gran intérprete como usted, ¿cuál es la relación entre el diseño y la hostelería? Para mí, el diseño es siempre la respuesta a un reto, tanto si se trata de un tenedor como de un mueble decorativo o de un hotel completo. Y cuanto más absorbente y articulado es ese reto, más me atrae. Da rienda suelta a mi creatividad. En lo que respecta a la hostelería, cuando a lo largo de mi carrera me he ocupado de restaurantes, siempre he podido participar directamente en los distintos aspectos del proyecto, desde el interiorismo al mobiliario y desde la iluminación al grafismo de las vajillas. Pero no fue hasta que abrí mi restaurante Remi en Nueva York, con mi socio de entonces Francesco Antonucci, cuando alcancé un feeling natural con el arte de la hospitalidad. Porque finalmente capté la experiencia humana, la pieza que me faltaba. No es casualidad que una de mis grandes pasiones actuales sea la de guiar la experiencia humana, en la medida de lo posible, y crear un entorno que cautive y emocione a las personas desde el mismo momento en que entran hasta que lo abandonan. Cuando se consigue eso con ayuda del diseño —y se mantiene en el tiempo—, el resultado es insuperable.

Usted es Hospitality Designer y Creative Director de dos nuevos barcos revolucionarios de Costa que llegarán en 2019 y 2021. ¿Qué le ha empujado a aceptar este reto?

Mi estudio colabora con el Grupo Carnival desde hace muchos años. Cuando nos propusieron colaborar en el diseño de los dos nuevos barcos de una compañía como Costa, que es un icono de Italia en todo el mundo, no tuvimos que pensárnoslo mucho y aceptamos con enorme entusiasmoy por unanimidad. El factor decisivo fue la idea que debía inspirar los dos barcos, “Lo mejor de Italia”: para mí, un reclamo irresistible.

¿Qué es, en su opinión, lo mejor de Italia?

Es un orgullo nacional que se ha sabido transmitir a lo largo de los siglos. Es un lugar en el que las personas, con su actitud, pueden cambiar el mundo, donde cada gusto tiene el sabor de un sueño, y el tiempo parece detenerse. Una tierra en la que el estilo es el rey y la belleza es la reina. Todo eso es, para mí, lo mejor de Italia: orgullo, actitud, gusto, tiempo, estilo. Son los cinco pilares en los que nos hemos apoyado para dar forma a nuestra idea creativa para los barcos. A los que hemos añadido otro concepto: existe Italia y también existe lo que podríamos llamar Italy. Hay una Italia de la realidad y una de la fantasía, que conviven en el mismo territorio.

Los socios CostaClub son muy curiosos: ¿qué experiencia vivirán a bordo?

No quiero adelantar muchos detalles. Estimados socios… ¡prefiero que sueñen! Puedo decir que vivirán algo realmente único, y que detrás de cada rincón del barco habrá un nuevo espacio por descubrir. Será una experiencia que les impactará y les enriquecerá, porque será auténticamente italiana. Nuestros socios no se contentan fácilmente…. ¡Está bien, voy a desvelar un secreto, pero que quede entre nosotros! A bordo estará el Costa Design Museum, el primero dedicado al diseño en un barco de crucero. Un museo completamente integrado en el barco, que todos los pasajeros vivirán, con cuatro secciones dedicadas respectivamente al diseño, la moda, el cine y los medios de transporte. Será algo así como, si me permite el juego de palabras, lo mejor de “Lo mejor de Italia”.

Dos barcos revolucionarios

Los dos nuevos barcos de Costa, con entrega prevista para 2019 y 2021, cambiarán el mundo de los cruceros y serán una nueva cota de referencia para todo el sector. Y serán los primeros propulsados en mar abierto con GNL (gas natural licuado), el combustible fósil más “limpio” del mundo, que se transportará almacenado a bordo y se utilizará tanto en los puertos como durante la navegación para el suministro del 100% de la energía necesaria, lo que contribuirá a reducir considerablemente las emisiones de gases de escape. Se están construyendo en los astilleros Meyer, de Turku, Finlandia, pertenecientes al grupo alemán Meyer Werft.