No sucede a menudo que el tenis sea el protagonista en el cine y son muy pocas en realidad las películas dedicadas a este deporte, quizá por la dificultad de visualizar la acción en el campo o de poner en escena las dinámicas interiores de los jugadores. Pero el cine nos ha regalado 5 escenas memorables ambientadas en los rectángulos de tierra roja, hierba o cemento.

"La película termina con mimos que juegan un partido de tenis sin pelota y sin raquetas."

Los Tenenbaums: Una familia de genios (Wes Anderson, 2001)

Luke Wilson interpreta a un campeón de tenis enamorado en secreto de su hermana adoptiva (Gwyneth Paltrow). Cuando su hermana se casa, el campeón sufre una crisis nerviosa y durante un partido de los US Open juega el peor tenis posible: juega descalzo, pierde muy mal y por último se retira del tenis para ir a vivir en un transatlántico. Se trata de una escena muy breve pero que describe perfectamente su personaje y un cierto tipo de tenista con talento pero “maldito”.

Deseo de una mañana de verano (Michelangelo Antonioni, 1966)

Un fotógrafo considera que ha inmortalizado casualmente un intento de asesinato, pero una serie de eventos le impiden descubrir la verdad. La película termina con mimos que juegan un partido de tenis sin pelota y sin raquetas; cuando la pelota imaginaria termina fuera del campo, los mimos piden al fotógrafo que la recupere y él lo hace. Metáfora aparte, significa que la verdad es huidiza y que las imágenes no pueden certificarla: para el fotógrafo se trata de un mensaje poco edificante, pero la secuencia de Antonioni es pura poesía en movimiento.

Match Point (Woody Allen, 2005)

Durante la película se ve algún intercambio de tenis, pero al director Woody Allen interesa el significado narrativo de un detalle, es decir, cuando la pelota rebota en la cinta de la red y en ese punto la casualidad decide de qué parte del campo caerá. Una metáfora con la vida del protagonista, cuyo destino depende todo de dónde caerá el anillo del que se ha apoderado de forma ilícita. Es como decir que nuestra vida puede cambiar de forma radical por culpa de un único momento decisivo, capaz de decidir todo el destino de una persona. Con un reparto estelar, entre los que destacan Scarlett Johansson y Jonathan Rhys Meyers, se trata de una de las películas más intensas dirigidas por el director ganador del premio Óscar en diferentes ocasiones. Imprescindible.

Wimbledon: El amor está en juego (Richard Loncraine, 2004)

La escena a recordar no sucede durante un partido, se produce durante un entrenamiento: un jugador al final de su carrera (el actor inglés Paul Bettany) saca intentando golpear latas de pelotas más allá de la red y falla. Llega una estrella en ascenso del tenis femenino (la actriz Kirsten Dunst) que en cambio acierta. Empieza un desafío que es al mismo tiempo una escaramuza amorosa, porque lo suyo es amor a primera vista. Él acierta una y otra vez y ella, justo antes del saque decisivo, le dice: “Si aciertas también ahora, me acuesto contigo” y él por supuesto falla. El tono de la comedia está todo aquí.

Extraños en un tren (Alfred Hitchcock, 1951)

No vemos un auténtico partido, sólo al público que sigue la pelota girando la cabeza a la derecha y a la izquierda. Un hombre es la excepción: se llama Bruno y está fijando al protagonista de la película. Los dos se han encontrado por casualidad en un tren y han especulado sobre el delito perfecto: ocuparse, como perfectos desconocidos, el uno del crimen que quiere el otro. Con Hitchcock se va siempre más allá de la apariencia y el misterio impera. Bruno lleva a cabo su parte del acuerdo y empieza a perseguir al tenista para que cumpla su parte.

Credits photo: MONDADORI PORTFOLIO/The Kobal Collection