Un monopatín inteligente. El Segway ofrece una manera nueva y divertida de moverse. Además de las clásicas dos ruedas, tiene sensores de estabilidad para mantenerlo en equilibrio y permitir su conducción, de pie sobre la plataforma y solo con el movimiento del cuerpo. Con las oscilaciones del cuerpo es posible regular la dirección y la velocidad, ir hacia adelante y hacia atrás, y ahorrarte el cansancio de caminar. El motor es eléctrico y no contamina. No hay más que subirse, ponerse el casco, practicar un poco y ponerse en marcha para explorar de manera insólita los lugares y destinos desde una perspectiva diferente… ligeramente elevada y con el paso acelerado. Visitar una ciudad, o un lugar inmerso en la naturaleza desde el Segway es algo único. Vamos a descubrir por qué. En vez de usar los músculos de quien lo lleva en el Segway se está casi inmóviles y relajados, ya que utiliza un motor que gestiona los kilómetros que hay que recorrer a una velocidad superior al paso humano (20 km/hora). Un cerebro de alta tecnología regula el equilibrio y las reducidas dimensiones le permiten pasar por cualquier parte, sobre todo por los lugares a los que no pueden llegar los medios tradicionales. Cómodo y divertido, entre un monopatín tradicional y un hoverboard (el medio volador que ha hecho soñar a varias generaciones desde que se hizo famoso en Regreso al futuro), el Segway es el compañero ideal para algunas originales excursiones en los destinos Costa. ¿Un par de ejemplos? El paseo marítimo y la playa de la caribeña isla Gran Turca, o un divertido tour por el centro de Lisboa, donde las numerosas cuestas hacen que un poco de ayuda tecnológica sea muy bienvenida.

"En Lisboa, montad en el Segway y deslizaos entre los estrechos callejones adoquinados y embellecidos con cerámicas de azulejos, imposibles de recorrer con otros medios de transporte"

La colonial isla Gran Turca y su playa en Segway

A vuestra llegada a la pequeña joya caribeña de Gran Turca, en vez de caminar bajo el sol durante kilómetros por el paseo marítimo, podéis disfrutar de su arquitectura y de sus aguas turquesa desde el Segway. Dejad que la brisa del mar os acaricie el rostro, mientras admiráis por un lado las aguas turquesa del mar, solo a un paso de vosotros, y por el otro, la alternancia de la arquitectura colonial, las pequeñas iglesias y las típicas casas de las Bermudas: bajas, blancas y elegantes. Pasaréis ante la iglesia más amada, la de Saint Mary, con sus tradicionales postigos de madera roja que destacan sobre el blanco de sus paredes. Recorred las calles de la capital, Cockburn Town; sus dos arterias principales, Front Street y Duke Street, os acompañarán durante algunos kilómetros bordeando la costa. Mirando hacia el interior, paralelas a las dos grandes calles y a pocos metros tomando uno de los muchos callejones que salen de aquí, se llega hasta las grandes salinas de la isla, símbolo de la riqueza de isla Gran Turca por el comercio de la valoradísima sal que de aquí se extrae. Volviendo a la calle principal, volved la vista hacia el mar oceánico. Con vuestro Segway podréis llegar hasta la playa: la que está delante del centro de Cockburn Town tiene un acceso sencillo para el monopatín. Deteneos en la orilla y disfrutad del panorama: el largo y arenoso litoral está dividido aquí en pequeñas playas separadas por embarcaderos y pequeños muelles. Escoged uno para daros un baño en sus aguas turquesa o para disfrutar de la vista del océano y la barrera de coral que tenéis ante vosotros ante de volver a subir a bordo del Segway para seguir descubriendo Gran Turca.

Lisboa: intrépidas bajadas (y subidas) sobre dos ruedas

Lisboa, capital de las grandes subidas… y bajadas, famosa por su antiguo tranvía (el número 28) trepa sobre sus propias vías hasta el mirador de la ciudad. Podéis empezar a visitarla desde la colina del sugestivo barrio medieval de la Alfama: en Lisboa, montad en el Segway y deslizaos entre los estrechos callejones adoquinados y embellecidos con cerámicas de azulejos, imposibles de recorrer con otros medios de transporte. Superado este laberinto de callejuelas, hogar de marineros y aventureros ya desde la Edad Media y que hoy aloja modernos apartamentos y locales para los amantes de la movida urbana, se abre uno de los panoramas más hermosos del mundo: habéis llegado sobre dos ruedas al Castillo de Lisboa. Desde sus baluartes se abre una curiosa vista sobre los tejados de tejas rojas de la ciudad vieja, o en línea recta hacia la catedral (Sé de Lisboa), la iglesia más antigua del país con la típica fachada románica y las dos torres. De vuelta sobre el Segway, podéis llegar hasta el Miradouro de Santa Luzia, otro punto panorámico desde el que se pueden ver al menos tres de las siete colinas que dominan la ciudad, y el río Tajo que la atraviesa. ¿Sentís la música en el aire? El Fado es la atormentada melodía local, de la que podéis saber un poco más visitando el museo dedicado a su tradición. Y con la música en los oídos y la ciudad a vuestros pies, o, mejor dicho, a vuestras ruedas, podréis decir de verdad que habéis vivido una nueva y cautivadora experiencia.